En Dos Ríos, hace 131 años cayó en combate el más universal de los cubanos, con las riendas del caballo y el alma puesta en evitar que nuestra América se convirtiera en satélite de un vecino voraz
Su caída no fue una derrota; fue la siembra definitiva de una ética anticolonial y antimperialista que hoy, más que nunca, sigue iluminando la resistencia frente a cualquier intento de dominación