La Revolución cubana es una obra colmada de humanismo. Su grandeza no reside únicamente en la proeza de haber conquistado la soberanía en las narices del poder hegemónico, sino en su capacidad de convertir la solidaridad en política de Estado
Una isla rebelde que exporta médicos en lugar de bombas, y solidaridad en lugar de explotación, constituye una afrenta moral insoportable para quienes conciben el mundo como un tablero de dominación