Foto: Ilustración: Martirena

Son las cinco de la tarde de un día con horario de verano, salí a buscar el pan normado por la cuota,Lo hago más por caminar que por comprar el alimento,pues conservaba del adquirido en una panadería que oferta pan liberado.

Mientras espero en una pequeña cola escuché la conversación entre dos jóvenes mujeres que comentan," hace seis horas que no hay electricidad pero me había levantado temprano e hice la comida," la otra respondió yo voy a esperar por la luz, haré algo rápido", y siguieron conversando como si la vida no tuviera tropiezos.

Todas las mañanas cuando abro las ventanas del balcón para que la luz solar me ilumine veo a los vecinos y uniformados, mochila al hombro rumbo a las escuelas.

El gimnasio del frente respira salud y los que disfrutan de pelota comentan a viva voz sobre el clásico de béisbol y el papel de Cuba.

Un vendedor ambulante grita "culantro" con voz ronca. 

Sale olor a gasolina de un vecino que alista su carro para salir.

La gata de la vecina salta por la ventana haciéndome pensar que es verdad que tienen siete vidas.

Cada día me sorprende la resiliencia de este pueblo y por supuesto la mía y a veces como hoy me viene a la mente un día de la década de los noventa (inicio del llamado período especial) que un ciudadano español me dijo "ustedes están locos acabo de ver un ómnibus con personas colgadas en la puerta" sólo respondí,"estamos vivos", esos que usted vio quieren llegar a sus casas.

Nos levantarnos, respiramos. luchamos, seguiremos vivos.

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