Durante meses, la anunciada cuarta edición de la Liga Élite del Béisbol Cubano fue presentada como una certeza de calendario, una estación prevista para abril donde volverían a cruzarse los seis mejores equipos del país; sin embargo, hoy ese horizonte se desdibuja entre versiones, silencios y la realidad económica que atraviesa el país -debido al bloqueo impuesto por el gobierno de los Estados Unidos- condiciona cada decisión. 

En los últimos días, diversos sitios digitales han adelantado la posibilidad de un formato de “burbuja”, una solución que concentraría a Matanzas, Industriales, Artemisa, Mayabeque, Las Tunas y Holguín en una o dos provincias para reducir gastos de traslado, donde el juego pudiera sobrevivir a la escasez. Pero esa idea, que ha corrido con la velocidad de los rumores en tiempos de incertidumbre, no ha sido confirmada oficialmente. 

Según declaraciones ofrecidas a Tribuna de La Habana por el presidente de la Federación Cubana de Béisbol y comisionado nacional, Juan Reinaldo Pérez Pardo, lo que existe hasta ahora son únicamente propuestas en análisis, variantes sobre una mesa donde todavía no se ha firmado ninguna certeza. 

La realidad es más sobria, menos épica y mucho más determinante: en estos momentos, la realización del torneo no está garantizada, y esa frase pesa más que cualquier calendario previo, porque no responde a falta de voluntad deportiva.

El propio Pérez Pardo ha mantenido comunicación con los cuerpos de dirección de los equipos, pidiéndoles que conserven activos a sus atletas, como quien mantiene encendida una luz en medio de un apagón prolongado, a la espera de una decisión que no depende exclusivamente de la Comisión Nacional ni del INDER, sino de variables económicas que desbordan el terreno de juego. 

La escasez de combustible, la crisis energética y las limitaciones logísticas no son conceptos abstractos, sino fuerzas concretas que interrumpen calendarios, suspenden viajes y obligan a replantear estructuras enteras, recordando que el béisbol, por más profundo que sea en la identidad nacional, no puede sus-traerse del contexto que lo sostiene. 

Sobre la mesa existen alternativas, caminos posibles, intentos de salvar el torneo con fórmulas de emergencia, porque también está en juego la preparación hacia compromisos internacionales como los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo, donde Cuba deberá presentarse con una selección competitiva y en forma. 

No obstante, entre la intención y la ejecución se abre un margen incierto, un territorio donde el deseo choca con la realidad, y donde cada decisión exige equilibrio entre la pasión deportiva y la responsabilidad social. 

El béisbol en Cuba no es solo un espectáculo ni un calendario competitivo: es Patrimonio Cultural de la nación cubana, memoria colectiva, lenguaje común, y por ello mismo su desarrollo resulta imprescindible; pero precisamente por esa importancia, no puede ni debe construirse al margen de la compleja situación del país. 

Hoy, más que una confirmación, lo que existe es una espera; más que un torneo asegurado, una posibilidad condicionada; y más que certezas, una lección clara: incluso las tradiciones más arraigadas necesitan de un contexto que las sostenga para poder seguir existiendo.

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