
La contundente intervención del ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, en el Consejo de Derechos Humanos expone una verdad aplastante ante la comunidad internacional: el orden multilateral que evitó grandes guerras está siendo dinamitado por una potencia que se atribuye el "derecho excepcional" al despojo y la fuerza.
Al denunciar el ataque contra Venezuela y preguntar qué ocurrirá con los recursos estratégicos del planeta —desde la Amazonía hasta el Ártico- no se trata de una disputa retórica, sino de la supervivencia misma de la soberanía frente a una filosofía que reduce el derecho internacional a un estorbo.
Resulta especialmente reveladora su denuncia sobre la orden ejecutiva que busca imponer un "cerco energético" a Cuba. ¿Puede alguien creer que bloquear el suministro de combustible a una pequeña nación no es un acto de castigo colectivo y una provocación humanitaria deliberada? La comunidad humanitaria no puede mirar hacia otro lado cuando se utilizan herramientas de asfixia económica para doblegar a un pueblo.
Como bien señala Bruno Rodríguez Parrilla, tres generaciones de cubanos han resistido un bloqueo genocida, y lo han hecho precisamente gracias a la fortaleza de sus sistemas de educación, salud y ciencia, recursos humanos que ningún decreto en Washington puede arrebatar.
Frente a esta embestida, la respuesta de Cuba es un ejemplo de dignidad y coherencia. Mientras reafirmamos que defendemos nuestro derecho a la libre determinación con unidad y coraje, ratificamos nuestra voluntad de un diálogo basado en la igualdad soberana, el respeto mutuo y sin injerencias.
En el centenario de Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, la Isla reafirma su vocación solidaria con Palestina, los migrantes y las resistencias comunitarias.
(Tomado del perfil en Facebook de Roberto Morales Ojeda)
Otras informaciones:

![[impreso]](/file/ultimo/ultimaedicion.jpg?1771890684)