Foto: Cartel

Mi derecho, tú derecho, nuestro derecho a vivir. ¿Qué hemos hecho para estar condenados por el país más desarrollado del mundo? Si revisa nuestra historia siempre han querido tenernos como su patio trasero. No admiten que no doblegamos la cabeza, ni caemos de rodillas.

Ver a todo un pueblo unido en defensa de su soberanía fue motivo para otra perreta de nuestro enemigo imperial. En el plano personal sólo puedo decir que cuando el bloqueo llegó yo era una niña. Inauguré lo que hoy es común realizar anualmente: la campaña de vacunación antipolio y no olvidar que cuando el mundo miraba como morían masivamente por una epidemia, este pequeño país inmunizó y detuvo las muertes con vacunas propias contra la Covid-19. 

Dentro de unos días tendré mi chequeo anual, ese que contra viento y marea me ha sustentado estos doce años de sobrevivir. Fuimos promotores de una Zona de Paz en nuestra área del Caribe. El mundo mira hacia acá y ha dado muestra de apoyo material y moral ¿por qué? Porque nosotros damos lo que tenemos.
Revise la historia de Cuba y encontrará que somos un pueblo de PAZ. Tengo derecho, tu tienes derecho, nosotros tenemos derecho a vivir.

LA VACA

Un día le dije: cuando te pase un telegrama que diga la vaca salió, prepara el pasto, ya sabes qué hacer”. Se rio mucho. Le dije de ese texto porque cuando llegaba a casa luego de atravesar de sur a norte la entonces provincia de Oriente, con el estómago pidiendo a gritos comida, ella freía plátanos verdes, los aplastaba, con empellas y ajo y me hacía un fufu especial. Luego de otras suculentas provisiones colocaba todo sobre la mesa y disfrutaba verme comer. Y yo le preguntaba si había recibido el telegrama porque quería llegar de la beca y saciar el apetito y ella se empeñó siempre en que comiera lo cocinado acabado de hacer. Esa era mamá, que la recuerdo todos los días sin esperar una fecha especial como el segundo domingo de este mes. En toda su vida sólo me pidió: “Nunca te vayas del país”, y aún ni se pensaba en lo que sucedería. Fui única hija, y a veces me paro frente a su retrato y le digo: “La vaca comió” y siento como en soplo de brisa su inigualable sonrisa.

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