Hay silencio y es una bendición. El reloj marca ese horario que cuando niña todos respetaban, de doce a dos de la tarde luego del almuerzo, porque muchos descansan sobretodo ancianos y niños pequeños.

Nadie hacía visitas ni llamadas telefónicas, por eso de no molestar.

Incluso los vendedores ambulantes apagaban su voz y el sol tal vez en silencio pero cómplice abrazaba con más fuerza el asfalto para preservar el silencio.

Por suerte escribo estás líneas en ese silencio a pesar de vivir en un edificio multifamiliar y escoltada por otros similares.

Pero no es así ni en todos los lugares de esta Habana ni a toda hora.

Hay como una moda. Los conductores de motos que cada día son más han implantado una "moda" para escuchar quién lleva la música más alta o el tubo de escape con más sonido.

Y si alguien le llama la atención o simplemente le recuerda que si corre algún peligro en la vía no escuchará, responden con alguna grosería.

Y si vas por la acera tu paso  peatonal puedes ser sorprendida por el claxon de una motorina cuyo conductor desea evadir un bache y decidió tomar la acera.

Y es cuando pregunto y el jefe de sector dónde está, la policía o algún policía en la moto. Hay leyes que es obligatorio respetar, quien te pone el cascabel.

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