Mirar de cerca los cuidados

El envejecimiento demográfico en Cuba plantea nuevos desafíos para la organización social de los cuidados y exige reconocer el valor de una labor que históricamente ha recaído sobre las mujeres
Foto: Red SEMlac

La vida en sociedad se construye también a partir de gestos cotidianos de solidaridad y atención hacia los demás. Sin embargo, quienes dedican tiempo y esfuerzo a acompañar a personas que necesitan apoyo suelen quedar fuera del reconocimiento colectivo, pese a que su labor resulta fundamental para el bienestar de las familias y el funcionamiento de la comunidad.

Históricamente, ese trabajo ha tenido rostro de mujer. Madres, hijas, hermanas y abuelas han asumido, en muchos casos, la atención de niñas y niños, personas mayores, personas en situación de discapacidad y de quienes necesitan apoyo para desenvolverse en la vida diaria. Una responsabilidad que, cuando no se comparte, limita sus oportunidades de desarrollo personal, laboral y social.

Cada 5 de noviembre, el Día Internacional de las Personas Cuidadoras invita a visibilizar esta realidad y a reconocer a quienes dedican tiempo, esfuerzo y afecto a una labor que atraviesa todas las etapas de la vida.

En Cuba, esa reflexión adquiere particular importancia ante el acelerado envejecimiento demográfico. Con el 26,7 % de su población de 60 años y más, el país se posiciona como el más envejecido de América Latina y el Caribe. Esta transformación no solo modifica la estructura de la población, sino que también demanda nuevas respuestas para garantizar la atención y el bienestar de quienes requieren cuidados.

Foto: ONEI Cuba

Las estadísticas ayudan a comprender la magnitud del desafío. En 2025, Cuba registró 733 personas en edades potencialmente dependientes por cada mil habitantes de entre 15 y 59 años, según la relación de dependencia demográfica. El indicador, que considera a menores de 15 años y personas mayores de 60, permite aproximarse a las presiones que enfrenta la población en edad laboral.

En el municipio de Plaza de la Revolución, en La Habana, este valor alcanzó 943 personas potencialmente dependientes por cada mil habitantes en edad laboral, de acuerdo con datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI).

Más allá de las cifras, esta realidad interpela la capacidad de las familias, las instituciones y las políticas públicas para responder a una demanda creciente de cuidados. También evidencia la necesidad de fortalecer los sistemas de protección social y de avanzar hacia una distribución más equitativa de las responsabilidades.

Reconocer a quienes cuidan no puede limitarse a una felicitación o a una fecha en el calendario. Implica garantizar condiciones dignas para el ejercicio de esa labor, ampliar los apoyos disponibles y promover la corresponsabilidad entre el Estado, las familias, las comunidades y los distintos actores sociales.

Cuidar no es una obligación exclusiva de las mujeres ni un asunto que deba resolverse únicamente dentro de los hogares. Es una responsabilidad colectiva y una necesidad que acompaña a las personas a lo largo de la vida.

En una Cuba cada vez más envejecida, construir una organización social de los cuidados que reconozca su valor y distribuya equitativamente las responsabilidades resulta esencial para sostener la vida, proteger derechos y avanzar hacia una sociedad más justa.

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