La producción de alimentos y la protección de quienes tienen mayores dificultades para acceder a ellos quedaron enlazadas en una misma propuesta durante la presentación, este 17 de septiembre en La Habana, de dos preplanes nacionales de Cuba ante la Alianza Global contra el Hambre y la Pobreza.
Las iniciativas fueron expuestas durante la segunda reunión del Grupo de Contacto de Apoyo a los Países y apuntan a fortalecer, por una parte, los sistemas alimentarios locales y, por otra, las capacidades de la red de protección social. El propósito común es mejorar el acceso estable a alimentos de la población en situación de mayor vulnerabilidad.
El primer preplan, denominado “Sistemas alimentarios locales sostenibles y resilientes para la protección social y la seguridad alimentaria”, busca incrementar de manera sostenible y resiliente la producción local de alimentos, tanto para sustituir importaciones como para garantizar el abastecimiento de la red de protección social. Entre las áres identificadas se encuentran mejorar las adquisiciones públicas locales, facilitar el acceso de los productores a insumos y equipos, extender prácticas agroecológicas y establecer incentivos y mecanismos financieros para quienes abastezcan a la red. También contempla reforzar la gobernanza de los sistemas alimentarios locales y la articulación entre los actores de cada territorio.
El segundo preplan, “Protección social focalizada para la seguridad alimentaria y la nutrición” pretende fortalecer el sistema de protección social para contribuir a que las personas en situación de mayor vulnerabilidad tengan un acceso estable y adecuado a los alimentos.
Para ello se plantea mejorar los sistemas de información y la coordinación entre instituciones, con el propósito de perfeccionar la focalización y el monitoreo de las prestaciones. También se prevén modalidades de atención alimentaria mediante apoyos en especie y monetarios, así como acciones dirigidas a la inclusión económica y social, entre ellas capacitación, apoyo al empleo, entrega de activos y acompañamiento integral.
Dos preplanes, un mismo circuito
Aunque los documentos fueron presentados como iniciativas diferenciadas, su diseño parte de una conexión directa entre quienes producen los alimentos y quienes necesitan mayor respaldo para acceder a ellos.
Marcelo Resende, representante de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en Cuba, definió esa relación como uno de los elementos centrales de la propuesta. Según explicó, el preplan combina el fortalecimiento de los sistemas alimentarios locales, la mejora de la producción agrícola y la priorización de los grupos vulnerables.

La intención es que la cooperación internacional no se desarrolle mediante acciones aisladas, sino alrededor de un programa común con metas, indicadores, plazos y recursos. Resende explicó que, tras esta primera etapa de presentación, los países cuentan con 30 días para concretar sus contribuciones. La FAO, a través del Ministerio de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera (MINCEX), organizará esa oferta de cooperación junto con el Gobierno cubano.
El alcance de la iniciativa se apoya además en resultados de proyectos desarrollados previamente por la FAO en Cuba. Entre 2019 y 2026, la organización reporta 92 millones de dólares en fuentes de financiación y acciones en 62 municipios, con aproximadamente 426 000 personas beneficiadas.
En materia de sistemas alimentarios locales, entre los resultados informados figuran la rehabilitación de 124 347 hectáreas para la producción de alimentos y la producción de 500 000 toneladas de hortalizas, granos, viandas y frutales, con beneficios para un millón de personas. También se reportan 48 497 personas en situación de vulnerabilidad que recibieron alimentos mediante la red de protección social, con participación de productores, cooperativas y empresas pesqueras.
De la producción a las instituciones
La experiencia acumulada no se limita al incremento productivo. El acompañamiento de la FAO incluye acciones relacionadas con la comercialización, el fortalecimiento institucional, la sanidad animal y vegetal, la innovación y la adaptación frente a los efectos del clima.
Según la información presentada, 27 entidades gubernamentales, organizaciones de la sociedad civil y gobiernos territoriales han sido fortalecidos en materia de gobernanza, gestión y marcos normativos, mientras 168 municipios han recibido apoyo para fortalecer sus sistemas alimentarios locales, especialmente en gestión, comercialización y acceso a alimentos.
La infraestructura energética también forma parte de ese entramado. Los proyectos ejecutados incluyen 26 sistemas de energía solar para zonas rurales, 567 sistemas solares de riego y bombeo, 18 sistemas para cadenas de frío y agroindustria local, además de tecnologías energéticas de pequeña escala destinadas a productores rurales.
Para Jesús Otamendiz Campos, ministro de Trabajo y Seguridad Social, los dos programas se relacionan de manera orgánica. Mientras uno apunta a fortalecer las bases productivas y la producción de alimentos, el otro está dirigido a las instituciones de protección social y a la atención de las personas en situación de mayor vulnerabilidad.

El funcionario señaló además como una de las líneas de trabajo la creación de una plataforma digital que permita interconectar información disponible en el país, mejorar el análisis de datos y focalizar la atención hacia quienes presenten mayores necesidades de protección.
El reto planteado ahora es convertir los preplanes en acciones articuladas. Para ello, la propuesta presentada ante la Alianza Global contra el Hambre y la Pobreza busca reunir capacidades nacionales y cooperación internacional alrededor de objetivos concretos, con la producción local como fuente de abastecimiento y la protección social como vía para acercar esos alimentos a quienes más los necesitan.
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