La ciudad que cabe en sus páginas

Cuarenta y seis años después de aquel primer “Buenas tardes, Habana”, las formas de hacer periodismo han cambiado, pero permanece el mismo desafío: contar una ciudad que también ha aprendido a transformarse

Hay periódicos que cuentan una ciudad y otros que, con el paso de los años, terminan formando parte de su memoria. Tribuna de La Habana pertenece a esa segunda categoría.

Quizás sea difícil imaginar hoy el sonido de aquella vieja rotativa de la calle Virtudes. Entre sus engranajes comenzaron a imprimirse, en 1980, las primeras páginas de un periódico que llegaba para hablarle directamente a La Habana. Eran otros tiempos, otro ritmo y también otra manera de hacer periodismo.

La ciudad que recibió aquel primer “Buenas tardes, Habana” tampoco es la misma.

Han cambiado las calles, los barrios, las instituciones, las preocupaciones y las formas de comunicarnos. Pero si se consulta cualquiera de sus textos, aparece algo que permanece, La Habana.

Hay algo paradójico en la historia de Tribuna, para mantenerse fiel a su propósito, ha tenido que cambiar muchas veces de forma.

El periódico que nació con una rotativa de décadas de antigüedad aprendió la fotocomposición. El que ganó su característico azul aprendió después a publicar en Internet. El que durante años esperó al domingo para llegar a sus lectores tuvo que acostumbrarse a la inmediatez. Y el que alguna vez necesitó una llamada telefónica para conectarse con su servidor hoy debe pensar en lectores que llegan desde un teléfono y pueden encontrarse con sus contenidos en cualquier momento.

Cada una de esas transformaciones dejó algo atrás y, al mismo tiempo, abrió una posibilidad nueva.

Por eso, 46 años no caben solamente en una fecha. Caben en las historias que quedaron registradas, pero también en aquello que nunca llegó a publicarse y en todo lo que todavía está por contar.

Porque un periódico no guarda solamente lo que ocurrió. Guarda también la manera en que una época decidió mirar lo que ocurría.

Quizás por eso volver sobre los pasos de Tribuna sea, en alguna medida, volver a recorrer La Habana. Una Habana que ya no existe exactamente como entonces, pero que permanece atrapada en titulares, fotografías, nombres, testimonios y páginas que el tiempo ha vuelto amarillas.

Ahora, la nueva web, las redes sociales, los formatos multimedia y las herramientas digitales plantean preguntas que en 1980 nadie habría podido formular. También obligan a una nueva generación de periodistas, diseñadores e informáticos a aprender otros lenguajes y a encontrar nuevas maneras de contar.

El desafío, sin embargo, se parece bastante al de entonces.

Seguir mirando la ciudad.

Seguir escuchando a quienes la habitan.

Seguir encontrando aquello que merece ser contado.

En 1980, Tribuna de La Habana cerraba su primer texto con una frase que era, al mismo tiempo, saludo y promesa: “Buenas tardes, Habana, ya estamos contigo”.

Cuarenta y seis años después, ese espíritu sigue intacto. Porque pueden cambiar las rotativas, los formatos, las pantallas y las herramientas, pero mientras exista una ciudad que observar, escuchar y contar, seguirá existiendo una razón para hacer periodismo.

Buenas tardes, Habana. Seguimos contigo.

Comente aquí

Este sitio realiza moderación de comentarios. Recuerde ser breve en su planteamiento

Más de Sheryl Márquez Vega

La ciudad que cabe en sus páginas

Ir al contenido