De la vieja rotativa al azul

De las antiguas máquinas de impresión de Virtudes a una redacción que hoy publica y conversa en el entorno digital, Tribuna de La Habana ha atravesado más de cuatro décadas de cambios tecnológicos sin perder su vínculo con la ciudad
Evolución del diseño de las portadas de Tribuna de La Habana. Recopilado en el folleto por el 25 aniversario de Tribuna (septiembre 2005)

Primera parte en Buenas tardes, Habana, seguimos contigo (PARTE I)

Apenas seis años después de su fundación, Tribuna de La Habana enfrentó una transformación que cambiaría la manera en que se imprimía el periódico.

En los primeros días de 1986 llegó a la redacción la noticia de que el órgano capitalino sería el primero de los periódicos que circulaban entonces en Cuba en comenzar a imprimirse en el recién construido Combinado Poligráfico Granma. La instalación se encontraba todavía en la fase final de su puesta en marcha, pero ya estaba en condiciones de comenzar a asumir paulatinamente la impresión de otros órganos de prensa.

El cambio se produjo después de que allí fueran impresas las ediciones de Granma correspondientes a los días de celebración del III Congreso del Partido, en febrero de aquel año.

El 16 de febrero de 1986, Tribuna salió por última vez de la vieja rotativa de impresión directa instalada en la calle Virtudes. Con ella quedaron atrás los grabados y las cajas de emplane, mientras comenzaba una nueva etapa basada en la impresión indirecta y la fotocomposición.

También llegó un elemento que terminaría convirtiéndose en parte de la identidad visual del periódico: el azul.

El cambio tecnológico no fue sencillo. El personal tuvo que familiarizarse sobre la marcha con procedimientos que hasta entonces desconocía. Durante un tiempo, incluso, la elaboración editorial continuó realizándose en el local de Virtudes. En horas de la noche los materiales eran trasladados al Combinado Poligráfico, donde se trabajaba en los textos, se realizaban las pruebas de galera y las correcciones y se acometía la fotocomposición. En la madrugada llegaba finalmente la impresión.

Fueron semanas y meses de aprendizaje y jornadas extendidas. Pero también una etapa que, según recordó Marta Espulgas Areán en el folleto elaborado por el aniversario 25 del periódico, contribuyó a estrechar los vínculos entre quienes integraban el colectivo de Tribuna y los nuevos compañeros del Combinado.

El cambio no solo significó una nueva tecnología para imprimir. El periódico ganó calidad, nitidez y color, y comenzó a incorporar una presentación diferente.

Era, en cierto modo, la primera gran lección tecnológica de Tribuna: una herramienta nueva podía obligar a cambiar las rutinas, aprender otros procedimientos y reorganizar el trabajo sin alterar el propósito fundamental del medio.

El cambio tecnológico también estuvo acompañado por modificaciones en el formato y la periodicidad de Tribuna de La Habana. El 4 de julio de 1987 circuló el último ejemplar en gran formato, con frecuencia diaria y salida matutina. Al día siguiente, el periódico adoptó el formato tabloide, aunque mantuvo su publicación diaria y matutina.

Esta etapa se extendió hasta el 5 de enero de 1992, cuando Tribuna pasó a editarse con ese mismo formato, pero con frecuencia semanal y salida los domingos. La modificación alteró también los ritmos de trabajo de una redacción acostumbrada hasta entonces a producir un periódico todos los días.

A partir de entonces, la historia del medio estaría marcada por una sucesión de cambios en sus formas de publicación. La presencia en Internet, iniciada en 1999, abrió un nuevo canal de circulación de los contenidos y, con el tiempo, fue modificando las rutinas productivas y la relación con los lectores.

La presencia digital fue consolidándose durante los años siguientes. Desde el año 2017 Tribuna ya distribuía versiones en PDF de su edición impresa mediante plataformas digitales y sistemas de transferencia de archivos. Estos documentos permitieron mantener la referencia al periódico impreso incluso cuando las condiciones materiales para su circulación comenzaron a deteriorarse.

La pandemia de COVID-19 aceleró esa dinámica de trabajo a distancia. Durante ese período, Tribuna reorganizó su funcionamiento para reducir la presencia física del personal y mantener separados a los equipos que debían garantizar la salida de la edición impresa. La mayor parte del trabajo editorial pasó a realizarse en línea, mientras los materiales continuaban circulando mediante plataformas digitales y los PDF mantenían el vínculo con la edición en papel.

En octubre de 2023 se produjo otro cambio significativo. La tirada de la edición impresa, que hasta entonces era de 92 000 ejemplares, se redujo a 58 000. Mientras disminuía la capacidad de circulación del periódico en papel, la presencia digital adquiría mayor peso. Tribuna comenzó además a incorporar herramientas de inteligencia artificial a sus procesos vinculados al posicionamiento de contenidos y al SEO y continuó ampliando la diversidad temática y el alcance de su página web.

El proceso tuvo un nuevo impulso en noviembre de 2025, con el desarrollo de una nueva web orientada a fortalecer la presencia digital del periódico y responder a los cambios en los hábitos de consumo de información. La transformación buscó mantener en Internet la identidad de Tribuna como periódico de la capital y reforzar una producción propia vinculada tanto con la agenda ciudadana como con temas de política, cultura, deporte, ciencia, tecnología y salud.

Los PDF de la edición impresa conservaron además un valor propio dentro de esta transición. Su permanencia permitió mantener un formato reconocible del periódico y, al mismo tiempo, abrió la posibilidad de utilizarlos como productos digitales para instituciones, empresas u otros medios interesados en ese tipo de publicaciones.

El proceso alcanzó otra etapa el 1 de marzo de 2026, cuando Tribuna de La Habana, al igual que el resto de los medios provinciales del país, dejó de publicar su edición impresa debido a las limitaciones derivadas de las presiones financieras impuestas por Estados Unidos. El periódico pasó a funcionar como diario digital, de modo que la publicación cotidiana de las noticias dejó definitivamente de depender de una edición en papel y consolidó una transformación iniciada décadas atrás con su incorporación a Internet.

Línea de tiempo Dirección del periódico. Infografía realizada con asistencia de IA

Casi dos décadas después de aquella primera edición impresa, Tribuna de La Habana encontró una nueva forma de llegar a sus lectores. El 16 de noviembre de 1999, coincidiendo con el aniversario de la ciudad, el periódico comenzó su presencia en Internet, en un momento en que la web cubana todavía daba sus primeros pasos.

Según recuerda Pelayo Terry, quien entonces se desempeñaba como subdirector del periódico, para aquella primera incursión se tomó como referencia la experiencia de Granma Internacional, uno de los medios cubanos que ya había comenzado a explorar las posibilidades de la publicación digital. El alojamiento se realizó a través de Columbus, en Miramar, Playa, y las primeras actualizaciones distaban mucho de la inmediatez que hoy define al periodismo digital.

El trabajo se desarrollaba con herramientas y condiciones muy diferentes a las actuales. Los contenidos se trasladaban mediante FTP, un sistema que permitía enviar archivos desde una computadora hacia un servidor de Internet. La publicación requería coordinación entre distintas áreas y una organización adaptada a las posibilidades técnicas disponibles.

En sus comienzos, la página web funcionó principalmente como una extensión del periódico impreso. Sin embargo, aquella primera experiencia abrió un proceso de aprendizaje colectivo. La redacción comenzó a familiarizarse con una plataforma que imponía otros tiempos y otras formas de presentar la información. Ya no se trataba únicamente de producir un periódico para ser leído en papel, sino de encontrar maneras de trasladar sus contenidos a un espacio con posibilidades y dinámicas propias.

Uno de los momentos que permitió poner a prueba esas posibilidades fue la cobertura de la Cumbre del Sur, celebrada en PABEXPO en abril de 2000. El acontecimiento demandó nuevas formas de organización y actualización, mientras el equipo comenzaba a experimentar con las posibilidades que ofrecía la publicación en línea.

Con el paso de los años, la web dejó de ser solamente un espacio donde reproducir los contenidos de la edición impresa. La incorporación de nuevas herramientas modificó progresivamente las rutinas profesionales. El hipertexto, los hipervínculos, las fotografías y los recursos multimedia ampliaron las posibilidades narrativas, mientras las redes sociales abrieron nuevos canales de distribución y comunicación con las audiencias.

El escenario digital continuó evolucionando. La web exigía una producción informativa más dinámica y una relación diferente con los lectores. Ya no bastaba con llevar a Internet lo que aparecía en el periódico: había que producir para Internet.

La creación del Grupo de Desarrollo Hipermedia de Tribuna de La Habana marcó una nueva etapa. Se comenzó a trabajar de manera más coordinada entre la edición dominical impresa y la publicación digital, mientras las rutinas de redacción, edición, diseño y gestión de las redes sociales se fueron adaptando a una lógica de actualización permanente.

Las experiencias desarrolladas durante el Festival de la Prensa Cubana contribuyeron, además, a perfeccionar la participación de los públicos y la relación entre los soportes impreso y digital.

Pero sería 2020 el año que aceleraría todo.

La pandemia de COVID-19 obligó a trasladar el proceso editorial a una redacción digital única. Periodistas, editores y diseñadores trabajaron desde sus hogares y mantuvieron a distancia el ciclo de entrega, corrección, diseño y cierre. Los códigos QR comenzaron a conectar el periódico impreso con contenidos disponibles desde los teléfonos y la edición digital ganó un peso que ya no perdería.

Ese año el sitio superó los 3 millones de visitas y registró más de 5 millones de páginas consultadas. Más de una veintena de medios reprodujeron informaciones de Tribuna, y el periódico pasó a formar parte del entramado de medios oficiales para divulgar los partes de Salud sobre la COVID-19 en Cuba.

La transformación no estaba ocurriendo solamente dentro de la redacción. También estaba cambiando la relación con quienes leían.

El crecimiento de la web permitió conocer mejor qué buscaban los públicos. La información de servicio —electricidad, transporte, bancos, precios, comercio, salud o problemas de la ciudad— comenzó a demostrar que una noticia útil podía seguir siendo consultada mucho después de su publicación.

También creció la participación. La sección El lector desde las redes reunió usuarios de todas las provincias cubanas y de más de 15 países. Los comentarios y mensajes comenzaron a revelar problemas, preguntas y necesidades informativas que, en algunos casos, terminaron convirtiéndose en nuevos trabajos periodísticos.

El lector dejó de ser solamente quien recibía una información. Sus preguntas empezaron a formar parte del proceso de decidir qué contar.

En 2024, el proyecto de transformación digital fue presentado en el Festival Nacional de la Prensa Julio García Luis. Para entonces ya existía una redacción con funciones específicamente digitales y una mayor atención al comportamiento de las audiencias. Entre enero y septiembre de ese año, el sitio registró 6,87 millones de visitas y más de 8 mil comentarios.

A la par, aparecieron nuevas herramientas. La inteligencia artificial comenzó a utilizarse como apoyo para la revisión y corrección de textos, la elaboración de titulares, el posicionamiento de contenidos y la organización de las bases de datos del periódico. Después se incorporó también al análisis estadístico, al estudio de los comentarios y a la observación del comportamiento general del medio.

La tecnología comenzaba a servir no solo para publicar más rápido, sino también para entender mejor a quién se estaba contando La Habana.

El desafío volvió a cambiar. Ya no se trataba de aprender cómo hablar en Internet, sino de construir una infraestructura capaz de sostener todo lo que el medio había aprendido dentro de él. La plataforma sobre la que funcionaba la antigua web había comenzado a presentar limitaciones, especialmente en materia de seguridad y actualización por lo que era necesaria una renovación.

En ese proceso participó Ismel Ruiz Marsán, informático e integrante del equipo encargado de desarrollar la nueva web.

El nuevo sitio fue construido sobre WordPress, una plataforma que permite gestionar los contenidos con mayor flexibilidad y añadir nuevas funciones sin tener que reconstruir toda la página cada vez.

“La primera ventaja es la alta modularidad que tiene el sitio”, explicó. Esa característica permite incorporar nuevas herramientas mediante complementos y adaptar progresivamente la web a las necesidades del medio.

También se simplificó la administración de los contenidos. Publicar, corregir y actualizar una información resulta ahora más directo, mientras las actualizaciones de la plataforma permiten responder con mayor rapidez ante vulnerabilidades de seguridad.

El proceso contó con el acompañamiento del Centro de Información para la Prensa (CIP). Durante aproximadamente un año, especialistas de esa institución y el equipo de Tribuna trabajaron conjuntamente en la definición del concepto, la maquetación y el alojamiento del nuevo sitio.

La nueva web comenzó así a funcionar como una base para lo que todavía está por construir.

Porque Internet tampoco se quedó en aquel lugar al que llegó Tribuna en 1999.

Si entonces hubo que aprender cómo enviar una fotografía, colocar un titular o actualizar una página que ya no tenía las dimensiones del papel, hoy el desafío es otro: mantenerse dentro de un espacio que cambia constantemente.

“El Internet de nuestros días no es una plataforma que se queda estática, sino que va muy de prisa con nuevas funcionalidades”, señala Ismel.

La nueva arquitectura permite continuar ese camino. Sobre ella podrán incorporarse otras herramientas, nuevos servicios y formas de relacionarse con los lectores.

En 1999, Tribuna de La Habana descubrió que Internet podía ampliar las fronteras de un periódico pensado para una ciudad. Más de 25 años después, la pregunta ya no es cómo llegar a la red, sino cómo seguir cambiando con ella sin perder de vista aquello que le dio sentido desde el principio: contar La Habana y estar cerca de quienes la viven.

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