Que somos limpios, lo somos, de eso no hay dudas. Me atrevería afirmar que somos uno de los pueblos que más artículos de aseo utiliza para la higiene personal y de sus hogares, incluyendo, si de higiene se trata, la limpieza del entorno cercano como patios y frentes de las viviendas. Incluso muchas áreas fueron sembradas con el objetivo de evitar acumulación de desechos.

Acá en el reparto Alamar, uno de los más poblados del municipio capitalino de Habana del Este, los jardines, las calles frente a los edificios están limpias, los vecinos las barren y chapean los bordes de las aceras y podan, no todos, pero algunos árboles sí. Pero, porque siempre hay uno, la basura, esa que cada día en tiempos lejanos era recogida puntualmente, esa sí está ahí.
Aunque la acumulación de basura en La Habana y otros lugares del país se ha agravado en los últimos meses debido a la escasez de combustible y de medios de recolección, muchos vecinos, sin contar con nadie, o mejor dicho con quien o quienes tienen que recogerla, un día decidieron que se acopiaría lo más lejos de los edificios porque comenzaron a proliferar esos lugares apestosos, con insectos, roedores.
Por supuesto también comenzó de forma discreta, amparada en las noches, la quema de basura; comenzó a molestar ese humo que invadía el ambiente y que asmáticos y alérgicos lo sentían.
Ya es habitual, e incluso hay vecinos que vigilan y controlan el fuego, y por supuesto si nadie va a arrojar desechos por ahí evitan pasar.
Esperamos que un día seamos sorprendidos y lleguen con camiones y otra solución, y la basura tome el camino de antaño. Respiraremos aire puro.



