Una mujer esbelta, de cuidadosa dicción y adueñada de hermosas vivencias y reflexiones, convirtió la larga espera en una cola bancaria – cinco horas para más señas- en la razón de estas líneas.
Se llama Dolores (no pregunté sus apellidos) pero es la Profe Lola del Instituto Politécnico Osvaldo Herrera, un centro de referencia ubicado en el habanero municipio de Plaza de la Revolución, especializado en la enseñanza de la electrónica.
Allí, entre circuitos integrados, soldaduras y diagramas, esta académica -en toda la extensión de la palabra- ha formado generaciones de técnicos. Ya suma 45 años ininterrumpidos en la docencia dentro del mismo recinto, donde siente el ruido que la reconforta, las preguntas que la desafían y las sonrisas que la rejuvenecen.
Vive sola tras su viudez y la vida no le concedió la maternidad biológica; sin embargo, ha encontrado en cada promoción de alumnos los hijos que toda madre desearía. “Ellos son mi familia y la razón para que, también luego de jubilarme, continuara deseando seguir frente al aula».
Habla ella de que lo más valioso no es solo el conocimiento teórico que transmite, sino el vínculo perdurable que ha sabido cultivar. Muchos de aquellos muchachos —ahora profesionales, padres de familia y expertos— mantienen ese hilo conductor que ella tejió con esmero, llamándola, visitándola y recordándole que su semilla germinó dentro y fuera del país.
A mí pregunta de cuál es la clave de su permanencia, advierte: «Estar a la par de la edad de mis muchachos». Y eso significa que su pedagogía se sustente en la capacidad de sumergirse en el universo juvenil con un diálogo dinámico, donde el aula se convierte en un espacio de intercambio generacional.
Se disfruta escucharla cuando cuenta que con sus alumnos no solo habla de cables, redes, resistencias y aspectos propios de la especialidad, sino también del tema de música más pegado, el nuevo pasillo que bailan los jóvenes pero por encima de todo ella ama el repertorio de Juan Gabriel.
También les hace saber la importancia de los graduados de electrónica en numerosos campos y no faltan las actualizaciones dentro del mundo de la música y el protagonismo de un técnico de este tipo en que un disco que recién acaba de salir al mercado pueda agenciarse no pocos premios.
En el inicio del curso escolar 2026-2027 en Cuba, imagino a la dedicada profesora ajustando sus materiales. Sirvan estas líneas para las tantas profes Lola que renacen cada septiembre, mientras contribuyen a que el país apueste por la formación técnica como pilar de su desarrollo.