En estos tiempos, cuando la información dispone de múltiples vías de difusión, dar a conocer o explicar asuntos de interés público debería ser mucho más sencillo que décadas atrás. Sin embargo, este continúa siendo un asunto pendiente para diferentes instituciones del país, cuya gestión deja mucho que desear, especialmente cuando se trata de entidades que cuentan con la retroalimentación de la propia población.
El ejemplo más fehaciente de esto es el canal institucional de la Empresa Eléctrica de La Habana y, en específico, el manejo del grupo creado en la plataforma de mensajería Telegram.
Vivimos tiempos difíciles en materia de electricidad. Debido al bloqueo económico, comercial, financiero y energético del Gobierno de los Estados Unidos, los niveles de generación eléctrica resultan insuficientes para cubrir la demanda del país. De ahí los prolongados apagones que afectan diariamente a la población, a pesar de los esfuerzos que se realizan para reducir sus efectos.
En este contexto, la gestión de los perfiles institucionales en redes sociales resulta ineficiente. Notificaciones sobre afectaciones que se publican con horas de retraso, reclamos de la población que quedan sin respuesta, eliminación automática de comentarios que no parecen infringir las normas de publicación y respuestas que, en ocasiones, parecen emitidas por autómatas y no por personas, figuran entre las principales deficiencias.
El volumen de comentarios es considerable, incluso con el límite de una publicación por cada sesenta minutos. Dar respuesta a todos resulta prácticamente imposible. Pero esa dificultad no debería impedir una gestión más efectiva de las inquietudes que se repiten con mayor frecuencia.
“¿Por qué algunos circuitos son elegidos para los DAF (Disparo Automático por Frecuencia) mientras la gran mayoría no lo es?” “¿Cuáles son los requisitos para que un circuito sea elegido para DAF?” “¿Por qué, cuando tal circuito es DAF, las afectaciones a los circuitos aledaños son mayores que el promedio?” “¿Por qué restablecen primero a circuitos que no están en la lista de los más afectados?” “¿Cuáles son las razones técnicas para que las interrupciones sean mayores en una zona que en otra?” “¿Por qué, cuando se restablece el servicio, este es muy inestable y atenta contra la integridad de los equipos electrodomésticos?”
Son preguntas que permanecen sin una respuesta concreta por parte de los operadores que administran el grupo. Mientras tanto, la población enfrenta las consecuencias de las interrupciones: alimentos que se deterioran por falta de refrigeración, familias que necesitan ventilación durante la noche y personas que observan cómo edificios cercanos permanecen iluminados mientras sus hogares continúan a oscuras.
Ante muchas de estas inquietudes, las respuestas suelen reducirse a que el restablecimiento del servicio depende de las condiciones del Sistema Electroenergético Nacional (SEN).
Es una explicación que describe una realidad conocida, pero no necesariamente responde a las dudas planteadas. La situación del SEN puede determinar cuándo y cómo se restablece el servicio, pero ¿por qué no explicar qué factores técnicos intervienen en esa decisión? ¿Por qué no ofrecer respuestas claras a los planteamientos que más se repiten? ¿Por qué no aprovechar los canales institucionales para explicar, con mayor transparencia, el funcionamiento del sistema eléctrico y las razones detrás de las decisiones que afectan a cada circuito?
En tiempos en los que cada vez existen más herramientas para informar, comunicar y recibir retroalimentación, ¿por qué no intentar aclarar todas las dudas de la población?