
Hace apenas unas horas, mi familia y yo atravesamos por la amarga experiencia del extravío de nuestra perrita Niña.
Al paseo matutino había salido acompañada, como es la costumbre. Muchas veces ella entra sola a la casa, aunque sus dueños decidan permanecer afuera un rato más, para interactuar con algún que otro vecino.
Todo parece indicar que en un descuido de la mirada atenta que habitualmente se le tiene, caminó tras otro peludo que paseaba a esa hora junto al dueño, pero se alejó demasiado y no supo retornar.
Vecinos, familiares y amigos se movilizaron al unísono. Hubo quien ofreció su transporte para sumarse a la búsqueda. Durante los recorridos por calles de la barriada y las aledañas, se le preguntaba a los transeúntes si habían visto a una perrita de color amarillo, viejita y gruesa, mostrándose extraviada. Igual, con prontitud, la noticia se colocó en las plataformas digitales y grupos de animalistas y numerosas personas compartieron su imagen y la alerta de su pérdida.
Habían transcurrido casi seis horas y cuando todo parecía infructuoso, pero de ningún modo aquejados por la desesperanza, algo me enrumbó al lugar correcto.
Resulta que fui a realizar una compra de última hora cerca de casa, y, por esas cosas inexplicables, cuando ya tenía el producto en la mano y a punto de pagarlo, determiné irme a otro negocio donde igual lo comercializan, solo que ese radica varias cuadras más distante.
Y allí estaba Niña, atenta a cuanta persona pasaba por su lado. Imaginen el reencuentro al ver a su mamá humana, y viceversa.
Hace casi diez años, una perrita sata, delgada en extremo, llegó a mi portal con visibles huellas de su andar sin rumbo fijo. Entre los míos conoció los cuidados más amorosos que pueda recibir una mascota. A la par, nosotros aquilatamos el verdadero significado de la lealtad y el cariño desinteresado, creando un ciclo de confianza y afectos.
Niña se ausentó por un tiempo relativamente corto; sin embargo, fue la espera más larga, dolorosa y silenciosa que todos - incluso ella- hayamos podido experimentar.
Al momento de dormir, la sentí emitir el suspiro con que a veces sella su día. Los especialistas sostienen que el suspiro profundo que los perros a veces dejan escapar no es casual.
No es solo respiración, sino una emoción liberada, confianza absoluta por sentirse protegido. Contigo. Es su manera de decir: "todo está bien”.
Para ponernos en alerta y no perderle ni pie ni pisada ha servido este incidente. También nos corroboró que la vida está hecha de pequeños milagros, como reencontrar a quien creíamos perdido, pero sobre todo, que el amor hacia nuestras mascotas es un espejo del amor humano: nos enseña la paciencia, la ternura, la gratitud.

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