Foto: Tomada del Facebook de Roberto Morales Ojeda

Cuando Martí salió en defensa de Cuba ante las calumnias de un periódico estadounidense, no solo refutaba mentiras: enseñaba cómo un pueblo pequeño puede enfrentar al poderoso con la fuerza de la verdad.

Hoy, los escenarios han cambiado, pero la esencia sigue intacta. Las campañas de desprestigio, la manipulación mediática y los intentos de imponer narrativas ajenas continúan como herramientas del mismo afán hegemónico que Martí denunció. Se pretende hacernos dudar de nosotros mismos, presentar nuestra resistencia como fracaso y nuestra dignidad como obstinación.

Frente a ello, la mejor vindicación es la que nace del día a día: el pueblo cubano que resiste el bloqueo con creatividad, que defiende su soberanía sin claudicar, que en la cultura, la ciencia y la solidaridad demuestra lo que vale. No se trata de réplicas furiosas, sino de sostener con hechos lo que otros quieren desmentir con falacias.

Vindicar a Cuba hoy es ejercer el pensamiento crítico, desenmascarar las mentiras con argumentos y recordar, como enseñó Martí, que la justicia, cuando se levanta con dignidad, termina imponiéndose por encima de cualquier intento de silenciarla.

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