
El 16 de febrero de 1959, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz asumió el cargo de Primer Ministro de Cuba, en un contexto de efervescencia revolucionaria y esperanza popular. Apenas un mes después del triunfo de la Revolución, este hecho formalizaba el liderazgo de quien ya era una figura central en la transformación del país. En aquel momento, Cuba iniciaba un proceso de profundas reformas sociales y económicas, enfrentando la resistencia de intereses poderosos y las primeras maniobras desestabilizadoras.
En su discurso de aquel día, pronunció una reflexión que condensaba la esencia de su pensamiento y se convertía en una guía para el futuro: “El pueblo tiene que estar muy consciente de que el camino es difícil, que el camino es largo, que el camino es fatigoso, que tenemos que sudar mucho la camisa luchando. Y que no solamente hay que tener esa idea presente, sino que hay que estar siempre alerta y no dejar que el entusiasmo muera. Porque esta obra grande que se ha impuesto el pueblo de Cuba no es obra de pueblos mezquinos, sino de pueblos grandes como el nuestro”. Esta frase, más que una simple advertencia, era un llamado a la forja de una conciencia colectiva capaz de sostener el ímpetu revolucionario a lo largo de las décadas.
Hoy, ante los complejos retos que enfrentamos, la vigencia de aquella advertencia de Fidel es absoluta. El camino sigue siendo difícil y fatigoso, y el "sudar la camisa" adquiere nuevas dimensiones en el esfuerzo diario por encontrar soluciones, innovar y resistir. Su llamado a mantener vivo el entusiasmo, a no sucumbir al desaliento, resuena con fuerza en un presente que exige la misma grandeza de pueblo a la que él apeló.
La obra iniciada en 1959 es un proceso continuo que demanda la misma alerta, la misma participación consciente y la misma fe en la capacidad colectiva para superar obstáculos.
(Tomado del perfil en Facebook de Roberto Morales Ojeda)
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