
En una fecha como esta, el desembarco de Antonio Maceo por Duaba en 1895 no fue solo una acción militar más; fue la declaración irrefutable de que la libertad no se negocia ni se aplaza. Aquel 1 de abril, Maceo y sus expedicionarios desafiaron oleajes traicioneros y la vigilancia colonial para pisar tierra cubana con un solo propósito: reavivar la llama de la independencia que otros habían dejado languidecer.
Ese espíritu de lucha inquebrantable; esa obstinación heroica que personificó Maceo, adquiere hoy una dimensión esencial.
En tiempos actuales, donde se pretende generar desaliento, conformidad y las tentaciones de rendirse ante las dificultades cotidianas, la lección de Duaba nos recuerda que los cambios verdaderos requieren constancia, valentía y la certeza de que ningún obstáculo es eterno cuando se enfrenta con dignidad.
La voluntad de luchar siempre, como enseñó Maceo, no es solo un principio patriótico, sino una actitud vital que nos impulsa a no aceptar lo injusto, a levantarnos una y otra vez y a mantener viva la esperanza de que, aunque el camino sea duro, la perseverancia acaba por abrir las puertas de la libertad y la justicia.
(Tomado del perfil de Facebook de Roberto Morales Ojeda)
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