
La sectorización, por bodegas –en unos casos- y circunscripciones –en otros-, que ahora mismo funciona en la capital, como método regulatorio para la organización de la compra de los productos de alta demanda, en las tiendas de las cadenas Cimex y Caribe, aunque deja ver algunos peros –aquí o acullá-, en sentido general, resulta funcional. La mayoría de las personas, incluidos muchos de quienes se lamentan por algunos inconvenientes, abraza y aplaude la iniciativa.
Por ejemplo, la gente suele quejarse de la capacidad de supervivencia de los coleros (siempre están, siempre son los primeros, y cuando logran sacarlos de circulación, regresan reencarnados en otros); también critica los dobles raseros a la hora de hacer cumplir normativas y regulaciones (están quienes no las hacen valer para familiares, amigos y otros “bendecidos”), además de maldecir la mala forma que –en ocasiones- aflora en algunos organizadores de cola.
Sin embargo, prima el criterio de que, bajo tal régimen, ha dejado de ser un imposible comprar productos tan necesarios como el pollo y el picadillo, a lo largo del mes. Y eso -ahora mismo- es para el cubano lo más importante.
La imagen totalizadora nos ofrece un panorama, tal vez no perfecto, pero sí libre de los más demoniacos engendros, que hacían de los imprescindibles intentos por llenar los congeladores con algún tipo de cárnico un acto irritante y temerario. Lamentablemente, tal generalidad exhibe sus excepciones.
Pongamos un ejemplo: Los ahora obligados clientes de la tienda (CIMEX), del Complejo comercial Aldabó (calle 13, e/ Carlos Núñez y Aldabó) se sienten muy insatisfechos. A la entidad comercial están vinculadas dos bodegas, cuyos consumidores compran en semanas alternas. Le asignan pollo los martes y sábados, pero la cantidad nunca llega a los cien paqueticos (por pesajes y ni siquiera sobrepasan el precio de 120 pesos), cuando una sola de las unidades sobrepasa ampliamente los mil núcleos familiares y 3 000 personas.
En consecuencia, no somos pocos quienes llevamos tres o cuatro meses sin poder adquirir el producto, e incluso otros todavía más tiempo.
De las consecuencias de estos tonos grises que empañan los desvelos de muchos no hace falta hablar, pero se imponen algunas interrogantes:
¿Fatalismo geográfico? No creo. A solo unos metros, la tienda La Lucha (en 100 y Quintana) deja ver un quehacer bien distinto. ¿Excepción de la regla? ¡Ojalá! ¿Mala distribución de los recursos o/e indolencia? ¡Vaya usted a saber! ¿Otra causa? Se impone indagar.
Lo cierto es que los clientes de tienda CIMEX, Calle 13 reclaman y necesitan con toda urgencia una solución al problema. Ellos, como los vecinos de cualquier otro lugar de la capital o la Isla, merecen todo respeto, y es innegable que estamos en presencia de un acto tremendamente irreverente e injusto.
Ver además:

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Buenas tardes Yo vivo en el reparto Eléctrico Arroyo Naranjo y desde el mes de febrero no he cojido nada , este sábado 2 de julio pude comprar aceite, pongan todo como antes todos los municipios no son iguales trabajo en Boyeros , cerca de mi trabajo hay 3 tiendas y no puedo comprar tengo una hija que esta en 5 to año de la cujae y la otra en el pre que no pueden hacer colas, la Habana no puede tomar medidas igual que las provincias, lleven las cosas a la bodega como los cigarros , muchas gracias
Me pregunto quién lee y analiza todos estos comentarios de la población tanto del que trabaja como los jubilados los invito a visitar la tienda xx aniversario de Alamar es lo mismo con lo mismo favor oír a esta población que está pidiendo organizar la alimentación saludos al esfuerzo de los periodistas
vives del trabajo ovives de las colas esa es lacuestion.
Soy de las infortunadas de calle 13 aldabó. Por favor ocúpense de resolver este serio problema. Ya en esa calle ( cola) el pasado viernes 24 de junio varias mujeres se fueron a golpes, y no vale la pena describir lo sucedido. Lo que hay que hacer es tomar las riendas del asunto lo antes posible. Gracias
No muy lejos de Aldabo, en Altahabana, Boyeros, kiosko A y 6, sucede lo mismo, no llegan los productos suficientes. Pero lo peor es que los que logran comprar siempre son los mismos. Las LCC no hacen nada, son amiguitas de los coleros, pero además le avisan a su clan cuando llega o esperan un producto. Es una intriga, nunca se sabe la cantidad del producto que llega, se acaba muy rápido. Realmente nos estamos desgastando , es una tortura, incertidumbre, perdemos mucho tiempo en tratar de comprar, ya la cola se hace de uno o varios dias para otro.