Foto: Tomada del perfil de Facebook de Eduardo Rodríguez Dávila

Yo no soy poseedor de anécdotas personales con Fidel, más allá de reuniones colectivas e interacciones grupales de carácter público. El Fidel que yo guardo es el que puede tener cualquier cubano, y eso no lo hace más lejano.

Él conquistó esa muy rara condición de estar presente en nuestras vidas, como si fuera un familiar. Recuerdo cuando Fidel hablaba toda la atención se concentraba en él, una sensación difícil de contar a quienes no la vivieron.

Hace 9 años de la partida física de Fidel, del que ni sus propios enemigos niegan sea uno de los seres humanos con mayor influencia en los destinos del mundo en el siglo XX. Para nosotros, usando una metáfora asociada al transporte, es mucho más que eso, ha sido nuestro mejor timonel, la inspiración, quien ha visto más lejos y ha acercado más las realidades a los sueños, a veces superándolos.

Las fotos que comparto en esta publicación corresponden a un momento en el que Fidel nos visitó en el ministerio de Transporte. Volviéndolas a ver sentía como si nuestros espacios de reuniones cotidianas, fueran notables, trascendentes, porque habían sido visitados por él, porque Fidel estuvo allí, nos habló allí.

Foto: Tomada del perfil de Facebook de Eduardo Rodríguez Dávila

Siento que hoy, además de transportar pasajeros y cargas, lo que tenemos que hacer mucho más, pues estamos muy distantes de las necesidades de nuestro pueblo, tenemos que defender el símbolo que significa su ejemplo, su espíritu de lucha, su entrega, su firmeza, valentía, vocación por las nobles causas, su decisión de encontrar la victoria en la unidad, en la disciplina, en el coraje, en la capacidad de no rendirse jamás, de ser coherentes con los principios, como la ruta que nos conduce a un mundo mejor.

Hoy queremos y necesitamos transportar y multiplicar sus convicciones, su cultura, su fortaleza y seguridad en el triunfo, por dura y difícil que resulte la batalla, su amor al prójimo y su solidaridad inmensa con los más necesitados, su elección de dedicar la vida a la misión de luchar por el futuro de todos.

Tengo muy claro que cada vez que escuchamos con atención al pueblo y nos sabemos poner en su lugar, estamos asumiendo un estilo fidelista de dirección.

Cada vez que confiamos en que la opción es la de no parar, no rendirnos y trabajar con intensidad y amor para solucionar los problemas, estamos asumiendo un modo fidelista de transformar la realidad.

Y aunque no tuve las vivencias personales con Fidel, sí le consulto las soluciones a los desafíos de hoy. No lo puedo hacer como hago con mi padre, conversando. Y lo hago no porque busque en ello la respuesta técnica a lo tantos problemas que nos enfrentamos en el presente, muy atados al contexto tan peculiar en que nos ha tocado desenvolvernos. La consulta radica en utilizar su ejemplo, ese que nos pertenece a todos.

Cada vez que queremos solucionar un grave problema que aqueja nuestro sector, si nos acercamos a Fidel, de seguro nos estamos acercando a encontrar la solución a los desafíos de hoy, sin dogmas, y no una solución, sino varias, con espíritu científico, con sentido humanista.

Ese Fidel, convertido en símbolo, es tan grande que desborda cualquier espacio o relación personal. A unos o a otros, a todos, nos toca hacer de él una presencia cotidiana, para que lo conozcan los que no tendrán el privilegio, como nosotros, de vivir su época.

Para que cada uno pueda hacer su propia consulta, que es a fin de cuentas un viaje a hacer de nosotros mejores seres humanos y encontrar en nuestras propias fuerzas las soluciones a los problemas de nuestro tiempo, por muy complejos que estos sean. Ese es el Fidel que yo conocí.

Foto: Tomada del perfil de Facebook de Eduardo Rodríguez Dávila

(Tomado del perfil en Facebook de Eduardo Rodríguez Dávila, ministro de Transporte)

Ver además:

Fidel y Cuba: la evocación permanente del ejemplo rebelde