Llegué a Tribuna de La Habana como parte de mi práctica laboral durante el primer año de la carrera de Periodismo. Recuerdo que el profesor Roger Ricardo Luis, de la Facultad de Comunicación, nos llevó a la redacción a las estudiantes que debíamos desarrollar allí nuestras prácticas.
Al llegar nos recibió Raúl San Miguel, nuestro director, quien nos explicó las dinámicas de trabajo y nos acercó un poco a la historia del medio. Después de conversar unos minutos nos dijo cuál sería nuestro primer trabajo para publicar en el periódico: “Cuando salgan de aquí escriban un comentario sobre un tema social de actualidad que les preocupe. Con esta extensión y envíenlo a este contacto”.
Desde ese momento supe que había llegado a un medio donde podía aprender y donde mis propuestas e inquietudes profesionales serían escuchadas. Así ha sido durante estos cuatro años en Tribuna.
Me llamaron la atención, además, las primeras veces que entré al almacén y vi tantas décadas de historia entre las páginas de las ediciones impresas. Me hizo conectar con la génesis de mi carrera.
Para mí, habanera y amante de la historia de mi ciudad, formar parte de la redacción de un periódico como Tribuna de La Habana hace crecer mi sentido de pertenencia al lugar donde vivo. Me hace sentir orgullosa y mantiene despierto mi interés por conocer lo que ocurre en la ciudad, sobre todo en el ámbito cultural, que es lo que más disfruto, y buscar nuevas maneras de contarlo a los lectores.
Siempre me he sentido muy conectada con la ciudad y sus esencias. Me gusta acercarme a los lugares y acontecimientos de la capital a través de la poesía, el periodismo y la fotografía. La Habana me inspira y me motiva a conocer más sobre su historia y su gente.
Mi manera de relacionarme con La Habana ha cambiado desde que trabajo en Tribuna porque ahora cuento con una plataforma para compartir con los lectores esa curiosidad y esos descubrimientos.