Ritmo, verso y memoria: la fórmula que no envejece

El Conjunto Folklórico Nacional demuestra que el arte popular y la tradición no solo conviven con la excelencia escénica: la alimentan
Foto: Reno Massola

El Conjunto Folklórico Nacional de Cuba celebró el aniversario 65 de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) con el programa concierto “Caminos”, un homenaje escénico a las raíces de la cultura cubana y a quienes han contribuido a preservarlas, recrearlas y proyectarlas desde el arte.

Bajo la dirección artística de Leivan García, la compañía desplegó, en poco más de una hora, un recorrido por fragmentos de su repertorio que sintetizan la riqueza de una tradición construida con música, danza y poesía. Rumba, danzón, habaneras, pregones y comparsa funcionaron como estaciones de un mismo trayecto, mostrando la diversidad cultural cubana con vitalidad y una teatralidad que celebra sin convertir el legado en pieza de museo.

La selección integró la palabra poética y la música en vivo como partes de un discurso unitario. Piezas como «Pregones» (de Leivan García) y «Comparsa» (de Rodolfo Reyes Cortés) remiten al pulso callejero, a esa Cuba que se canta y baila en portales y festividades populares. El programa incluyó además poesía de Nicolás Guillén y Federico García Lorca, subrayando los vínculos profundos entre el son y el verso, entre la tradición oral y la palabra.

La presidenta de la Uneac, Marta Bonet, le entregó al Conjunto el reconocimiento Arte Fiel, para distinguir el quehacer de la institución. Foto: Reno Massola

Desde el primer compás, el espectáculo fue un torbellino de energía y precisión. Se percibe la cadencia del son, la chispa de la rumba y la espiritualidad de las danzas afrocubanas. La autenticidad interpretativa distingue a la agrupación, reforzada por una escenografía sobria que enfoca toda la atención en el movimiento y la entrega de los bailarines.

Jóvenes y consagrados intérpretes compartieron escena con carisma acogedor. Saltos atléticos, giros precisos y una capacidad envolvente para sumergir al público en cantos y ritmos definieron la función. El colorido de los vestuarios acompañó cada cuadro con la intensidad visual que exige el folclor escénico, sin estridencias.

Caminos no fue una antología pasiva, sino una celebración viva: la prueba de que el patrimonio folclórico se mantiene vigente cuando se interpreta con conocimiento, pasión y respeto.

Foto: Reno Massola
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