Las gestas independentistas del pueblo cubano: un histórico legado de dignidad y patriotismo

El inicio de la epopeya emancipadora de la Isla del colonialismo español aconteció el 10 de octubre de 1868, se le conoce como Guerra de los Diez Años o Guerra del 68, y su objetivo principal fue conquistar la independencia de España
Foto: Tomada de Cubadebate

La esencia profundamente patriótica del pueblo cubano es resultado del legado histórico de sus gestas independentistas y el ejemplo de sus héroes y mártires, a lo largo de centurias.

El inicio de la epopeya emancipadora de la Isla del colonialismo español aconteció el 10 de octubre de 1868, y se le conoce como Guerra de los Diez Años o Guerra del 68. Su objetivo principal fue conquistar la independencia de la Metrópoli española, luego que los criollos tenían limitados sus derechos políticos, y los peninsulares tenían el control de todas las estructuras esenciales socio-económicas del país.

Además, el territorio estaba en una gran crisis bajo el dominio español. El país se encontraba en crisis bajo la dominación española, más la existencia de la esclavitud en la industria azucarera se había convertido en un obstáculo, y la crisis económica mundial incidía con fuerza en la caída de los precios del azúcar. Estos factores junto a la necesidad de soberanía de los cubanos crearon las condiciones para la guerra.

Esta guerra alcanzó un carácter anticolonialista y también antiesclavista, además de su propósito de liberación del yugo invasor. Con anterioridad se habían producido diversos movimientos de corte independentistas, entre los que se destaca el presbítero, Félix Varela. Entonces se trató durante la primera mitad del siglo XIX, de solucionar los problemas agravados con pinceladas reformistas, lo cual no era suficiente ante los anhelos libertadores y los sentimientos nacionalistas crecientes.

Las beligerancias comenzadas con el Grito de Yara, en la Finca La Demajagua, tiene como protagonista fundamental a Carlos Manuel de Céspedes, hacendado criollo que aglutina a los independentistas y libera a sus esclavos, sumándolos a la contienda. Y a partir de ese momento declaran el Manifiesto de la Junta Revolucionaria de la Isla de Cuba, el cual da inicio a la guerra por las huestes mambisas. Ese día se exclamó el grito de ¡Viva Cuba Libre!, y se enarboló la bandera, a la cual se juraba lealtad.

En el transcurso de esta gesta surgen importantes y destacados jefes militares y revolucionarios, algunos de los cuales tienen un rol significativo en la continuidad de las guerras por la liberación. Entre estos se encuentran; José Martí, Antonio Maceo, Máximo Gómez, José Maceo, Ignacio Agramonte, Calixto García, Vicente García González, entre otros valerosos oficiales y jefes del Ejercito Libertador.

En la contienda se sumaron campesinos, artesanos y esclavos, también jóvenes, estudiantes, profesionales e intelectuales, población en general, acrecentándose el sentimiento nacional contra los explotadores colonialistas.

Durante diez años los cubanos enfrentaron con valentía y determinación disimiles estrategias y acciones combativas al enemigo, la manigua redentora fue escenario de cientos de batallas, y el machete mambí era instrumento temido por las tropas españolas. Se extendieron los levantamientos en latitudes del Oriente, Camagüey y Las Villas, y luego de meses de duro bregar, se puso de manifiesto la capacidad ofensiva de los mambises.

Máximo Gómez se destacó en la región de Guantánamo e impulsó la campaña a Las Villas, y en el Camagüey, Ignacio Agramonte muestra su entereza y valor. De igual manera, Antonio Maceo, era integridad y decoro, así como otros jefes del Ejercito Libertador que mostraron actos heroicos, refrendados en la historia que muestran la intrepidez y habilidades logradas en la defensa de la Patria.

Sin embargo, diferencias políticas en el campo revolucionario, provocaron la deposición de Céspedes de su cargo de Presidente de la República en 1873, lo que afectó el apoyo en armas de patriotas de la emigración. Las divisiones en el seno del Ejercito Libertador alteraron la llegada de refuerzos, lo cual obstaculizó el objetivo de llevar la contienda a la zona occidental.

Mientras, España reforzaba la represión y asumía crímenes contra el pueblo. El fusilamiento el 27 de noviembre de 1871 de los ocho estudiantes de Medicina por supuestamente haber rayado la tumba de un periodista español, fue de los más horrendos cometidos, asesinaron a inocentes hijos de esta tierra.

Luego de diez años, el desgaste, las enfermedades y los problemas de concepciones sobre las estrategias influyeron en el final de la guerra. El Ejército español con las complejidades del clima y los flagelos en el contexto de las batallas en las maniguas dominadas por los cubanos, también estaban ansiosos de poner fin al conflicto.

Pero el regionalismo y los actos de caudillismo acontecidos durante la Guerra del 68 en el seno de las huestes mambisas, (a pesar del coraje y decisión de vencer al enemigo sustentadas), incidió en la desunión de tropas mambisas, y viabilizó el accionar de España con propuestas de paz, sin real independencia.

En ese complejo escenario y ante las divergencias profundas sostenidas, para febrero de 1878 los organismos constitucionales del Gobierno de Cuba fueron disueltos y se da paso a las negociaciones para la “paz” en Zanjón, Puerto Príncipe. Nacía en ese momento un acuerdo de paz, pero cercenando la independencia por la cual una década se había luchado.

No obstante, grupos de patriotas indignados no aceptaron el indigno pacto, el Lugarteniente General Antonio Maceo protagonizó la histórica Protesta de Baragua, y otros oficiales y tropa se sumaron a esa postura de intransigencia revolucionaria ante los colonialistas e invasores de la Isla.  Las disposiciones acordadas en el denominado Pacto del Zanjón no garantizaban ninguno de los propósitos de los patriotas; La independencia de Cuba, y la abolición de la esclavitud.

Luego de estos duros años intentando la definitiva soberanía, surgieron otros conflictos para dar continuidad a la determinación de conquistar la liberación de la Metrópoli española, la llamada Guerra Chiquita que aún no lograba ese propósito. Y el 24 de febrero de 1895, con el Grito de Baire, y el decisivo accionar del apóstol José Martí con la creación del Partido Revolucionario Cubano, como única organización política para el fomento de la unidad y fortaleza entre los pinos nuevos y los veteranos del 68, comenzó la Guerra Necesaria, o del 95. Esta gesta, luego de tres años de provocar importantes y decisivas derrotas al enemigo y extenderse como estrategia del oriente al occidente, es interrumpida en 1898, con la intervención de los Estados Unidos con el pretexto de la voladura del Acorazado Maine, dando lugar a la Guerra Hispano – Cubano – Norteamericana, y posteriormente, al nacimiento de una Republica mediatizada, bajo la egida de Washington.

Los patriotas cubanos insatisfechos con la ignominia que representó la intervención de EE. UU en los asuntos internos de este pueblo, (que tanto sacrificio y sangre había derramado, y teniendo como símbolo, el legado imperecedero de las generaciones de mambises), continuó luchando hasta la definitiva independencia conquistada en Enero de 1959. Esta vez, los nuevos mambises de la mitad del siglo XX estaban encabezados, por el Comandante en Jefe, Fidel Castro, con el Ejército Rebelde, herederos también, del Ejercito Libertador de la manigua redentora.

Comente aquí

Este sitio realiza moderación de comentarios. Recuerde ser breve en su planteamiento

Más de Aixa Alfonso Guerra

Las gestas independentistas del pueblo cubano: un histórico legado de dignidad y patriotismo

Ir al contenido