Durante más de sesenta años el gobierno de Estados Unidos de América ha sostenido de manera criminal, y profundamente vulneradora del derecho humano e internacional, el bloqueo económico, comercial y financiero contra el pueblo de Cuba.
Y a manera de saña y obsesión anómala, la actual administración en la Casa Blanca, particularmente su secretario de Estado, señor Marco Rubio, han incrementado el asedio y presión contra la Isla, con un cerco, además, energético, obstaculizando la llegada de combustible y el trafico libre del comercio con la nación caribeña; algo descabellado que también quebranta principios enarbolados por las Naciones Unidas. Y al mismo tiempo constituyen disposiciones absurdas, sin precedentes en la historia de la civilización.
Washington sustenta relaciones diplomáticas y negocios con otros países con sistemas políticos y económicos diferentes, e incluso, con algunos que en la pasada centuria fueron objeto de invasión y guerras con los Estados Unidos. Y la comunidad internacional es testigo de que la Mayor de las Antillas no representa amenaza alguna para Norteamérica, por el contrario, las agresiones, amenazas y chantajes proceden del gobierno estadounidense, el cual irrespeta las leyes enarboladas por la ONU y la propia Constitución de EE. UU, actuando de forma verdulera, y subestimando la dignidad y decoro de los pueblos.
Uno de los propósitos esenciales de la injustificada política estadounidense, carente de verdad y objetividad, está orientada a destruir la Revolución, sus conquistas sociales que son piedra angular del proyecto emancipador cubano, en pos de las mayorías de ciudadanos, antes olvidados, y marginados.
La población de la Isla no puede olvidar las profundas desigualdades de clases, raza, y credos existentes antes de 1959, con pleno dominio de las riquezas y recursos del país por parte de la gran burguesía, la oligarquía de turno estrechamente vinculada a intereses foráneos. Solo el triunfo revolucionario con amplia participación popular hizo posible alcanzar conquistas sociales que, por décadas, y a pesar del brutal asedio, han sido salvaguardadas.
Sin embargo, la doctrina maquiavélica y draconiana que mantiene Washington está encaminada a desarticular esos logros y retrotraer el pasado en que los hijos de esta tierra tenían limitados derechos y oportunidades de desarrollo, dependía de orígenes y procedencia social. Las familias campesinas que labraban la tierra, los obreros de la construcción, de las fábricas, los maestros, y trabajadores en general, eran explotados, la mayoría de la población carecía de empleo seguro, viviendas propias, de acceso gratis a la Salud, de oportunidades para estudios en universidades e instituciones culturales, sanitarias y deportivas para todos. Con la Revolución se erradicaron entonces las distinciones y los privilegios, y fueron erradicándose lucrativos costos de muchos servicios básicos, ampliando a lo largo y ancho del territorio nacional prestaciones elementales requeridas en comunidades y barrios, así como empleos, seguros sociales y atención a vulnerables y discapacitados. Estos servicios, fundamentalmente, otrora existían, solo en la Capital, y cabeceras provinciales.
El pueblo de Cuba esta hastiado de las perennes hostilidades y agresiones organizadas y ejecutadas desde EE. UU, (lo cual incluye operaciones y acciones terroristas), país altamente desarrollado con un gobierno que debía sentir vergüenza ante el mundo, por su cruzada genocida y plegada de falacias contra la hospitalaria, solidaria, y de buena vibra, Isla.
La Mayor de las Antillas no fomenta odios ni resentimientos contra los ciudadanos estadounidenses ni cubanoamericanos decentes y dignos, muchos de los cuales han expresado su rechazo al bloqueo y han demandado, al igual que la abrumadora mayoría de los países de la ONU, el levantamiento del bloqueo, con record de vileza. En la nación caribeña la población solo desprecia a los violentos y odiadores de baja calaña moral que, desde el confort de sus espacios en el sur de la Florida, incitan a la destrucción, conflictos y muertes.
La Casa Blanca no comprende que los cubanos son apasionados a vivir en paz, emprendedores, creativos, muestran alegría y optimismo, defienden sus conquistas, y, sobre todo, protegen la soberanía de la Patria.