Brigitte Mavis Ferrer es una de las cuatro mujeres de una finca forestal de la Unidad Empresarial de Base Agroforestal y productora de ganado menor donde se desarrolla el proyecto «Apoyo a la soberanía alimentaria y desarrollo local en el municipio La Habana del Este» a través del fomento de sistemas agroforestales resilientes.
La iniciativa, que beneficia de manera directa a 483 campesinos y campesinas (100 mujeres), y nueve fincas e indirectamente a 26 500 personas, de los Consejos Populares de Campo Florido y Guanabo, ha propiciado la participación, la inclusión, la formación y el crecimiento personal a partir de capacitaciones y de acciones de comunicación que van desde intercambios hasta visitas a productores de excelencia.

El proyecto de colaboración que implementa la Asociación Cubana de Producción Animal (ACPA), acompañada por la organización no gubernamental española Justicia Alimentaria, con financiamiento de la Generalitat Valenciana, tiene como objetivo general garantizar el derecho a la alimentación, promoviendo la Ley de Soberanía Alimentaria y Seguridad Alimentaria y Nutricional (SSAN) y el desarrollo local resiliente con un enfoque inclusivo y de sostenibilidad ambiental en la provincia de La Habana.
De forma específica, desde su concepción se propuso contribuir al desarrollo de sistemas alimentarios locales, mejorando la productividad, la gestión ambiental y forestal ante los efectos del cambio climático. Para ello, el camino que se trazó contempló facilitar la participación de las mujeres a partir de incrementar el acceso a los recursos y el empoderamiento económico en la Cooperativa de Créditos y Servicios Juan Manuel Márquez, en el Órgano de Base de la ACPA y en la Unidad Empresarial de Base Agroforestal, en Habana del Este.
Dicho y hecho
En sus ejes principales, con tanta prioridad como el incremento de la producción y la adaptación a los efectos del cambio climático, el proyecto incluyó el impulso a la participación e incorporación del enfoque de género, tanto desde lo teórico como en el ámbito práctico, y la comunicación.
Un elemento importante su la formulación de un Plan de Comunicación, Sensibilización y Socialización dirigido a establecer mecanismos, tanto internos como externos, que permitan a las organizaciones que están ejecutando el proyecto informar a los grupos de interés y al público en general sobre esta iniciativa financiada por la Generalitat Valenciana, favoreciendo la difusión y visibilización de las acciones, facilitando la socialización y sensibilización de los logros e impactos de los resultados previstos.
El plan se propuso difundir y poner en valor las buenas prácticas, experiencias innovadoras y testimonios exitosos que resulten del trabajo realizado.
En esa cuerda, son valiosos los testimonios que quienes han transitado por talleres, encuentros e intercambios enfocados en cada uno de los ejes.
Para Brigitte Mavis Ferrer, “el proyecto ha sido de mucha ayuda para nosotras, hemos ganado en conocimientos gracias a las capacitaciones”.
Junto a los conocimientos, llegaron insumos que hacen posible aplicar en la práctica los nuevos saberes. “Con los recursos que nos trajo el proyecto, logramos reparar las naves de los carneros, poner a funcionar los pozos con la llegada de las bombas para tener mejor producción y contribuir a la soberanía alimentaria de La Habana del Este y crear condiciones para sumarle al rebaño ganado caprino, con destino a leche y carne”, explicó.
La extensa finca estatal, de 126 hectáreas, que incluyen la manigua costera y la franja hidrorreguladora de los ríos Tarará y Bacuranao, está dividida en cinco patios, tres de ovinos y dos que se destinaron a caprinos. “Empezamos 50 reproductoras y 10 sementales y hemos ido creciendo. Con el proyecto logramos convertir la finca Atocha en una base genética, con la cual no contaba hasta ahora el municipio La Habana del Este.
De las 126 hectáreas, atendidas por siete trabajadores, cuatro de ellos mujeres, 40 son de bosques de más de 40 años Debajo de su sombra, pastan los animales. “Somos forestales y aplicamos el sistema el silvopastoril debajo del bosque. Todo lo que hacemos es ecológico, el pastoreo es con plantas forrajeras, enriquecidas con maíz y sorgo que sembramos”, dijo la joven.
El proyecto también puso su mirada en la resiliencia ante los efectos del cambio climático, a partir de los principios de la forestería análoga. “Queremos incluir todas las especies que estuvieron en algún momento, que sean las idóneas para la franja, y rescatarlas”, dijo.
Otro de los beneficiarios de la experiencia es Ramón Díaz Batista, de la finca Ateje y presidente del Órgano de Base de Pequeños Rumiantes de la ACPA. “El proyecto ha sesionado en talleres enfocados en la socialización de conocimientos para la producción local y qué más podemos hacer”, dijo el productor, dedicado fundamentalmente a la ganadería.
Se trata, consideró, de combinar esos saberes con recursos recibidos como alambre, techos para la nave de conejos y ovinos y realizar el acuartonamiento del silvopastoreo. “Esto permitirá mejor manejo y explotación de los cuartones y contribuirá a incrementar la producción de leche –destinada a la industria-, y carne en ovinos y conejos -esta última especie incorporada a partir de la vinculación al proyecto- para su comercialización en ferias”, comentó.
A juicio de Díaz Batista, los proyectos apoyan y benefician mucho a los productores, se generan y comparten conocimientos. “Nunca acabamos de saberlo todo y tenemos que seguir aprendiendo y teniendo más cultura de lo que es la cría de las especies”.
Uno de los saldos de la iniciativa son los vínculos que han nacido entre los participantes. “Hemos intercambiado no solo experiencias -como la de siembra de cercas vivas de piñón florido, piñón de pito, almácigo y moringa-, sino también sementales, porque hay que rotarlos en los rebaños”, declaró el titular de la finca Ateje.
