La visita a nuestro país del presidente del Comité Paralímpico Internacional (IPC), Andrew Parsons, dejó una huella profunda y encontró mucho más que atletas: un modelo de inclusión, formación y resistencia deportiva.
Por primera vez en la historia, un presidente de ese organismo puso los pies en Cuba y durante varias jornadas recorrió algunos de los escenarios donde nace, crece y alcanza la élite el deporte para personas con discapacidad, acompañado por Michele Formonte, directora de Desarrollo para las Américas, en una agenda que terminó abriendo nuevas posibilidades para la Isla.
Parsons había dicho que tenía una deuda con Cuba y quiso saldarla antes de concluir su último mandato al frente del IPC, pero acaso la mayor sorpresa de su estancia fue descubrir que aquella deuda podía transformarse en un intercambio: Cuba mostró lo que ha construido y el movimiento paralímpico internacional dejó sobre la mesa nuevas vías de cooperación.
El recorrido comenzó en la Escuela Solidaridad con Panamá, donde 203 niños con discapacidad practicaron diferentes disciplinas ante la mirada de los visitantes, una escena capaz de resumir en pocos minutos el sentido más profundo del deporte adaptado: antes que medallas, hay vidas que encuentran en una pista, una cancha o un gimnasio una manera de descubrir sus propias posibilidades.
Luego apareció la otra cara de esa historia en la Escuela Superior de Formación de Atletas de Alto Rendimiento Giraldo Córdova Cardín, donde se forman algunos de los protagonistas del deporte paralímpico cubano, mientras el Estadio Panamericano sirvió de escenario para un anuncio que puede darle otra dimensión a la visita: Cuba y las organizaciones continentales trabajarán para llevar a La Habana un certamen internacional de deportes adaptados.
No resulta casual que Parsons encontrara allí un sistema capaz de llamar su atención, porque Cuba ha participado en nueve ediciones de los Juegos Paralímpicos de verano y acumula 105 medallas, entre ellas 49 de oro, 27 de plata y 29 de bronce, con el paratletismo como principal fuente de conquistas.
En esa historia caben nombres que ya forman parte de la memoria universal del movimiento paralímpico, pero ninguno brilla con más fuerza que Omara Durand, presidenta del Comité Paralímpico Cubano y dueña de 11 títulos en Paraolimpiadas, incluidos los tres conquistados en París 2024, donde cerró su extraordinaria carrera competitiva con un nuevo triplete dorado.
Precisamente Durand fue una de las figuras centrales de esta visita, primero como anfitriona y después como puente entre dos mundos que conocen bien el valor de la pista, pues Parsons reconoció en ella a una referente internacional y destacó su liderazgo al frente del movimiento paralímpico cubano.
La agenda alcanzó además el Palacio de la Revolución, donde el Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel, recibió a Parsons y Formonte y ratificó la voluntad de mantener el apoyo al deporte paralímpico, así como de poner a disposición del movimiento internacional la experiencia científica de la Universidad del Deporte y de los centros de investigación vinculados con la actividad deportiva.
Pero quizá una de las imágenes más significativas quedó en la Universidad de las Ciencias de la Cultura Física y el Deporte Manuel Fajardo, donde fue inaugurada una cátedra honorífica y quedó establecida la nueva sede del Comité Paralímpico Cubano, una alianza que pretende convertir el conocimiento científico en otra herramienta para el desarrollo de los atletas.
Allí la visita dejó de mirar únicamente hacia las medallas y apuntó hacia el futuro, pues la cátedra contempla investigaciones, formación especializada y una maestría en deporte adaptado para altas competencias, con la intención de fortalecer tanto la preparación de los futuros talentos como el rendimiento de los atletas establecidos.
Parsons también conoció el Centro Fidel Castro y sostuvo un encuentro con el Comité Ejecutivo del Comité Paralímpico Cubano, espacios que completaron una agenda en la que historia, educación, ciencia, deporte y cooperación terminaron formando una misma línea narrativa.
Y al final llegó una frase que resume buena parte de lo sucedido: “Cuba es la encarnación del deporte paralímpico”, afirmó Parsons al valorar una tradición de resultados que, según explicó, adquiere todavía mayor significado ante las dificultades económicas que atraviesa el país.
Tal vez ese sea el verdadero alcance de estas dos jornadas: el máximo dirigente del movimiento paralímpico internacional llegó para conocer Cuba y terminó reconociendo una experiencia que, según la propia dirección continental, también puede ser compartida con otras naciones.
La Habana no le entregó solamente una lista de campeones ni un álbum de viejas victorias; le mostró niños que empiezan, atletas que persiguen la cima, científicos que investigan y una institución que busca convertir el deporte adaptado en conocimiento, inclusión y oportunidades.
Cuando Andrew Parsons tome el camino de regreso, quedarán abiertas conversaciones sobre capacitación, equipamiento, becas, participación internacional, investigación y hasta la posibilidad de organizar en Cuba un certamen de gran envergadura.
La visita deja algo más que acuerdos y fotografías: Cuba mostró al máximo dirigente paralímpico mundial el camino recorrido y, sobre todo, la voluntad de seguir abriendo ese camino para otros.