Brayan Puente: un brazo zurdo que toca la puerta de Industriales

A pocos pasos del terreno donde Industriales ha escrito buena parte de su historia, Brayan Puente intenta escribir la suya, consciente de que el camino para integrar la nómina final de 32 jugadores en la 65 Serie Nacional de Béisbol, será largo, exigente y muy difícil
Foto: Boris Luis Cabrera

El joven lanzador zurdo, próximo a cumplir 21 años, forma parte de la preselección de 52 peloteros convocada por el conjunto capitalino para el torneo doméstico, previsto para comenzar el próximo 4 de octubre, y sabe que primero tendrá que convencer con el brazo antes que con los sueños.

La conversación ocurrió hoy en el mítico Estadio Latinoamericano, minutos antes de que el mentor Guillermo Carmona conduzca el entrenamiento de una escuadra que llega con el impulso de haberse coronado en la IV Liga Élite del Béisbol Cubano y que, además, cuenta con uno de los cuerpos de lanzadores más robustos del campeonato.

«Estoy aquí peleando, luchando, para poder hacer el equipo», resume Puente sin esconder la dificultad, aunque tampoco renuncia a la posibilidad, porque su condición de zurdo y la confianza que deposita en sus herramientas constituyen las cartas que ahora coloca sobre la mesa.

No hay promesas en sus palabras, apenas la certeza de que deberá ganarse el puesto entre hombres que también aspiran a vestir la camiseta azul, mientras él procura demostrar que los años de preparación en República Dominicana pueden convertirse en argumentos sobre el montículo.

Puente comenzó a jugar béisbol a los cuatro años, en Arroyo Naranjo, y desde entonces el lanzamiento se convirtió en su territorio natural, aunque durante las categorías infantiles también defendió los jardines antes de avanzar por los equipos de Boyeros y participar en torneos nacionales.

A los 13 años, el 10 de mayo de 2019, tomó rumbo a República Dominicana junto a su padre en busca de «un mejor futuro», con el propósito de desarrollarse como pelotero y perseguir el sueño de poder firmar un contrato profesional.

Fueron años de aprendizaje, sacrificios y altibajos, ocho temporadas en las que estuvo incluso cerca de firmar con una organización de Grandes Ligas, los Mets de Nueva York, pero decisiones de inversionistas terminaron cerrando una puerta que parecía entreabierta, según nos cuenta.

«El jugador se deprime, se decae, baja el ánimo», reconoce al recordar aquellos momentos, aunque prefiere mirar el balance desde otra perspectiva y rescatar lo que quedó después de tantos entrenamientos, porque, según explica, «hay que sacarle siempre el máximo provecho, firmes o no».

República Dominicana le dejó una preparación diferente, más cercana a los códigos del béisbol profesional, y también una caja de herramientas que ahora intenta poner al servicio de Industriales, con una recta que alcanzó entre 89 y 91 millas por hora y un repertorio que incluye curva, cambio, slider y nudillo.

Pero el regreso a Cuba no nació solamente de una decisión deportiva, pues el año pasado Puente llamó a sus abuelos y les comunicó que quería volver, después de varios años sin verlos, porque ellos habían sido parte esencial de su vida desde la infancia.

«Principalmente mi motivo fue por mis abuelos», cuenta, y en esa frase aparece la otra mitad de esta historia, la del muchacho que regresó al lugar donde comenzó a lanzar para reencontrarse con su familia y, de paso, intentar cumplir un viejo anhelo. Ese anhelo tiene nombre propio: Industriales.

Su padre, Bárbaro Puente, fue lanzador de los Metropolitanos y de Industriales, de modo que el deseo de vestir la franela de la capital no solo pertenece al muchacho que hoy entrena en el Latinoamericano, sino que también lleva consigo una parte de la historia familiar.

«También me gustaría jugar en Industriales para seguir los pasos de mi papá», confiesa, mientras el sueño adquiere una dimensión mayor en un estadio donde generaciones de peloteros capitalinos han convertido la aspiración en tradición.

El regreso encontró a Puente primero en la Academia Sub-23, donde entrenó durante varios meses, hasta que la incertidumbre sobre la celebración de esa categoría lo obligó a continuar preparándose por su cuenta, antes de recibir la llamada que podía abrirle otra oportunidad.

Cuatro o cinco días antes de incorporarse a la preselección industrialista recibió la convocatoria, llegó al Coloso del Cerro, vio posteriormente su nombre entre los preseleccionados y desde entonces permanece en una lucha que no ofrece certezas, pero sí la posibilidad de demostrar.

Ahora, mientras Carmona organiza el entrenamiento y observa a sus hombres con la mirada de quien debe escoger entre demasiadas opciones, Puente tiene delante un desafío particularmente empinado: hacerse un lugar en un cuerpo de lanzadores considerado entre los más sólidos del país.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Relacionados

Por Autor

Brayan Puente: un brazo zurdo que toca la puerta de Industriales

Ir al contenido