Milenio concebido para superiores indicadores de Desarrollo Humano, no guerras ni bloqueos genocidas

La entrada del nuevo Milenio, año 2000, fue concebido por la comunidad mundial como la posibilidad de alcanzar indicadores de civilización y Desarrollo Humano, superiores, no para el fomento de guerras, bloqueos, ocupación e intervenciones militares de corte fascista y genocida que vulneran derecho internacional y humano
Estados Unidos, aleja las posibilidades de Paz mundial con su injerencia verdulera en los asuntos internos de otras naciones. Foto: AP

Durante la primera década de la nueva centuria, años 2000, Latinoamérica (la región más desigual del Universo), y el mundo, soñaban con indicadores de civilización y Desarrollo Humano, tecnologías y avances económicos y sociales, mejores, capaces de adentrarse en condiciones de desarrollo sustentable y mejor calidad de vida, para sus millones de pobladores.

Sin embargo, la realidad se tornó más cruenta y alejada de esos nobles propósitos concebidos luego de la II Guerra Mundial para la humanidad por parte de la comunidad internacional representada por la Organización de las Naciones Unidas y los gobiernos y pueblos que conforman este importante organismo de concertación y rectoría de las relaciones de convivencia armónica y promotora de la paz.

Las ansias de hegemonismo y avance de políticas guerreristas y de corte fascista con el ascenso al poder de administraciones ultra reaccionarias y de estirpe prepotente con desmedidas ambiciones han contribuido a la proliferación de conflictos y beligerancias de proporciones extendidas sin perspectivas de solución, y con graves consecuencias para la estabilidad y vida de los seres humanos, y también de otras especies biológicas que cohabitan en la Naturaleza.

En América Latina, por ejemplo, se había logrado cierta distensión entre las naciones, incluso de ideologías y sistemas socio-económicos diferentes, y con acuerdos trascendentes por parte de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, CELAC, de declarar la zona de Paz, evitando guerras y complementando desarrollo y colaboración entre los países.

Pero hoy, con el arribo a la Casa Blanca de un gobierno que fomenta divisiones, intervenciones militares, secuestros, sanciones, y acrecienta injustamente y de manera extraterritorial, bloqueos como el de Cuba, están en peligro de extinción esas disposiciones que ofrecían esperanza de complementación de economías y desarrollo, minimizando la abismal brecha entre ricos y pobres.

En ese periodo se llevaron a vías de realización misiones en favor de las grandes mayorías; alfabetización, batalla contra la ignorancia e incultura, operaciones de Salud como la denominada “Milagro” que devolvió la vista a miles de ciudadanos de la región. Existieron también otros convenios de apoyo ante desastres naturales, en políticas sanitarias, culturales, deportivas, agrícolas, construcción, etc., y se ofrecieron becas a jóvenes de bajos recursos y de escasas oportunidades.

Estas conquistas entonces se alcanzaron por la voluntad de gobiernos de la región, aun con formas de pensar opuestas, pero se trataba de favorecer a los millones de ciudadanos olvidados de estas tierras ancestrales.

Washington tiene gran responsabilidad en el cambio de actitud de administraciones que han surgido en Latinoamérica de ultra derecha, su injerencia y prácticas desleales y carentes de toda ética, anteponen intereses económicos personales y de las oligarquías, ello ha estado presente ante los de la inmensa mayoría de la población, víctima de la marginación social, y el olvido.

Así mismo, Estados Unidos, aleja las posibilidades de Paz mundial con su injerencia verdulera en los asuntos internos de otras naciones, su manía de someter a los demás a sus designios, con amenazas, sanciones e invasiones, similares a las de la era de incivilización o del nazi fascismo.

¿Qué sentido de concordia y justicia tiene, además, para la estabilidad internacional, mantener la agresión de EE. UU e Israel contra Gaza, ¿Irán, Líbano y otros pueblos del Oriente Medio? Eso solo incentiva desestabilización, destrucción, muertes, odios y crisis económica global.

No deben olvidarse las lecciones legadas durante guerras de características genocidas como la II Guerra Mundial, y tampoco otras contemporáneas ejecutadas por el colonialismo e imperialismo, entre estas la efectuada contra el pueblo de Vietnam, de catastróficas consecuencias. Tampoco revivir invasiones que solo generan asesinatos de seres humanos y profundo desprecio hacia los agresores.

El mundo lo que precisa con urgencia son cambios hacia mayores niveles de cooperación hacia el desarrollo sostenible, mejores relaciones de respeto y reciprocidad comercial entre el Norte y el Sur, consolidar la Paz y encontrar formas de convivencia que no estén basadas en chantajes, condicionamientos ni amenazas. Por el contrario, que estén fundamentadas en intercambios y diálogos constructivos de igual a igual, donde prevalezca la autodeterminación e independencia de las naciones.

De seguro, así estaríamos en presencia de un planeta más seguro, equilibrado, y donde interactúen sus habitantes sin prevalencia de hegemonismos y paranoia que tanto daño causa a la civilización humana.

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