La vigilancia genómica ha sido clave para identificar variantes de SARS-CoV-2, genotipos de dengue y chikungunya, así como la resistencia del VIH a los antirretrovirales, consolidando la pertinencia y rapidez de la ciencia cubana frente a cada escenario epidemiológico.
La doctora María Guadalupe Guzmán Tirado, jefa del Centro de Investigación, Diagnóstico y Referencia del Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK), destacó que la red nacional de laboratorios constituye un pilar esencial de la salud pública cubana.
Esta estructura, que abarca desde policlínicos y hospitales hasta el IPK, garantiza la vigilancia integrada de enfermedades transmisibles, combinando el enfoque clínico-epidemiológico, microbiológico y entomológico.
La especialista ejemplificó la magnitud del esfuerzo con resultados concretos: la vigilancia ha permitido diagnosticar y confirmar epidemias como el dengue en varios momentos, la influenza pandémica de 2009, el cólera en 2012, el zika en 2016, el SARS-CoV-2 en 2020, el mPox en 2021, el oropouche en 2024 y el chikungunya en 2025.
“La vigilancia de laboratorio permite conocer qué está circulando en el país y brindar alerta temprana al Sistema Nacional de Salud para la toma de acciones de control”, subrayó.
Actualmente, la vigilancia confirma la circulación de virus Dengue 2, chikungunya, influenza A H3N2, VSR, SARS-CoV-2, hepatitis A y E, rotavirus y norovirus, lo que demuestra la prioridad que recibe este tema en Cuba.
La doctora Guzmán Tirado enfatizó que la vigilancia genómica ha sido clave para identificar variantes de SARS-CoV-2, genotipos de dengue y chikungunya, así como la resistencia del VIH a los antirretrovirales, consolidando la pertinencia y rapidez de la ciencia cubana frente a cada escenario epidemiológico.