Patricia Rodda es siempre una sorpresa. Sus libros, sus presentaciones, sus invitados y sus alianzas. Esta vez, para dar a conocer su más reciente poemario, Hijos del maltrato, no podía ser de otra forma.
El nuevo libro no salió a darse a conocer solo. En el espacio Nodo Habana, frente al Malecón habanero llegó como parte de un paquete potente: la experiencia inmersiva Imagen, palabra y música, explicó el arquitecto Orlando Inclán.
El nacimiento de Hijos del maltrato, con zapatos quirúrgicos reglamentarios para entrar en una gran sala de parto, llegó acompañado de la exposición fotográfica homónima de May Reguera y un concierto barroco de Yasek Manzano junto al cuarteto de cuerdas Alma, en una propuesta performática ante un público diverso en edades y procedencias, expectante ante los misterios.

Para formar parte de la obra colectiva, quienes asistieron a este regalo de tarde fueron invitadas a interactuar y manifestar sobre una de las fotos si se consideraba y por qué hijo del maltrato.
Este tercer poemario, publicado por Aurelia Ediciones, está ilustrado por el artista cubano René Francisco, quien al decir de Rodda, se unió a la aventura porque no podía renunciar a hacerlo y “le regaló a Hijos del maltrato dibujos muy personales”.
El poemario lleva en contracubierta un texto de José María Vitier, donde dice a quienes se acerquen al poemario que encontrarán “en las tesituras de una voz veraz e intensa, una escritura ceñida e implacable y una miras, que aún dañada, sostiene su fijeza, ávida de nacimientos. Para Vitier, la palabra poética de Rodda “exorciza el dolor y lo sobrevuela. Como una mariposa entre las ruinas”.
Para cada una de las personas que hicieron posible la realización de este sueño, Rodda dedicó palabras de agradecimiento infinito.
El nacimiento
Para traer al mundo al libro, Patricia Rodda convocó al arquitecto Abel Tablada, quien señaló: “Patricia es una artista en toda la extensión de la palabra, multifacética, poeta, actriz, curadora, y como gran artista hace las cosas diferentes. Invitar a un arquitecto para presentar un libro de poesía es algo bien diferente”.

Según confesó el arquitecto, recordando una anécdota del libro de la poesía de amor de José Martí, cuando le dieron esta “tarea, que después se convirtió en una actividad placentera, también sentí ese placer de poder leer versos llenos de belleza”.
Tablada comentó que los poemas de Patricia, son “realmente profundos, que necesitan varias lecturas…no es una cosa que ustedes vayan a leer y enseguida ya vayan a determinar el significado de cada uno de los poemas”.
Y agregó: “es una poesía verdadera con una conjugación de frases, de versos que te incita a volverlos a leer. Y en cada una de esas etapas, en cada una de esas lecturas, es como si fueras revelando diferentes contenidos, diferentes significados y se van aproximando más, no tanto al autora, sino se va aproximando a uno mismo.
“Fue una experiencia que me encantó durante estos días: verme a mí mismo reflejado en lo que la autora quería decir con esos versos, algunas veces más complicado de lo que yo hubiera podido leer en esa primera lectura”, confesó el arquitecto, quien se refirió al contexto de dolores del país para remarcar que si bien no es un libro pesimista, sí trata de reflejar en algún sentido “esa grave situación que tenemos los cubanos y que por supuesto vamos a salir de ella”.
Tablada se comprometió a acompañarse de este poemario por el mundo como ya hizo antes con la poesía de amor de Martí y sentenció que la poesía es la belleza y también la libertad.
La artista visual May Reguera agradeció a Rodda poder acompañar en imágenes el libro. “Me sentí comprometida porque en mis obras siempre he sentido esa necesidad de mezclar diferentes manifestaciones del arte, en mis exposiciones siempre hay música, baile, a veces poesía y dije: tengo que ponerme de otro lugar y acompañar a otra artista a completar el viaje”.
Según comentó, Rodda le contó sobre el entorno y el contexto en el que escribió el libro, un contexto de maternidad, de pandemia y “entonces la idea era acercarnos un poco a ese momento tan duro y contarlo desde una posición de poder, de firmeza, de `vamos a atravesar esto y vamos a salir adelante´”.
Reguera se refirió a la sesión de fotos, entre lluvia, truenos y relámpagos, que terminó, mágicamente, con un doble arcoíris. “Me siento agradecida de ser parte de esto, ahí tenemos siete imágenes en el espacio, de todas las que hicimos”, dijo e invitó a los presentes a ser parte de una intención: con sus pegatinas, sobre una de las fotos, de derrumbe y desgaste, a construir algo nuevo, para cerrar un ciclo de dolor.

La autora del poemario se refirió a las complejidades que significan materializar el sueño de hacer un libro en estos tiempos y explicó que Hijos del maltrato, el tercer libro de una trilogía que incluyó Desnuda en proscenio y Seudopez, cierra un ciclo y una etapa de su vida y no es la mirada de los dos primeros, sino una mirada desde la herida y la desesperación, que también necesitan salir.
Antes de dar lectura al prólogo, que prefiere llamar Certificado de vida, Rodda comentó que los poemas los terminan los lectores, cada uno con sus propias experiencias y sus vivencias y los asumen de manera diferente a como los concibió.

¿Revelaciones?
Según declaró Rodda, “estos versos nacen de una necesidad. La manera que tienen los artistas de dialogar con el presente y de existir con los acontecimientos que nos suceden es por medio de la expresión artística… yo la volqué sobre unos versos que no pidieron permiso, salían, salían, salían y terminó siendo este cuaderno”.

Nació sin nombre, reveló, pero “pensé en fechas que para mí significaban mucho a nivel personal, a nivel personal con mi país y mi diálogo con él y con las circunstancias. Esas fechas son una bitácora de vida mía y que enmarca momentos muy felices, momentos muy tristes, momentos de mucho contraste y ese es un poco también el carácter de Hijos del maltrato, que brotan desde esa herida, desde ese intento de salvar, de salvarme y entonces ellos existen”.