¿Cómo nutrirse mejor, aprovechando los productos locales? ¿Cuáles opciones brinda la Ley de Soberanía Alimentaria y Seguridad Alimentaria y Nutricional (Ley SSAN) para las cadenas de valor en el municipio? ¿Pueden las personas y familias participar en las estrategias relacionadas con el consumo responsable y la alimentación sana?
A estas y otras interrogantes responden algunos de los productos comunicativos elaborados por el proyecto Apoyo a la soberanía alimentaria y el desarrollo local en el municipio de La Habana del Este a través del fomento de sistemas agroforestales resilientes.
Como parte de esta iniciativa de cooperación internacional que implementa en ese territorio habanero la filial La Habana de la Asociación Cubana de Producción Animal (ACPA), con el acompañamiento de la organización no gubernamental española Justicia Alimentaria y fondos de la Generalitat Valenciana, se elaboraron dos plegables, uno, relacionado con la alimentación saludable, y el segundo, dedicado el consumo responsable.
No es un lujo
La alimentación saludable no es un lujo, destaca el texto, sino un acto de cuidado y de inteligencia. “La verdadera fuerza de una alimentación saludable está en lo que nos da la tierra: granos, viandas, hortalizas y frutas de estación que nutren, fortalecen y protegen nuestro cuerpo sin dañarlo No necesitamos productos caros ni importados”, recalca el folleto.
Y reitera una recomendación: lo esencial es priorizar lo natural sobre lo procesado, reducir el exceso de azúcar y sal y aprender a sustituir con creatividad lo que falta. Así, cada plato se convierte en un escudo de salud y energía para la familia y la comunidad.
El documento indica que una alimentación saludable no es una elección, sino una de contribución y consolidación de tres pilares por los que debe apostar la sociedad de forma sostenida: proteger la salud para prevenir enfermedades crónicas no transmisibles como la diabetes, hipertensión y obesidad, entre otras; fortalecer el sistema alimentario local; y cuidar el ambiente, al reducir la huella de carbono al acercar los alimentos a la comunidad.
Entre los consejos que brinda el proyecto próximo a concluir en La Habana del Este se encuentran priorizar lo fresco y de estación, hacer del arroz y los frijoles el plato básico, usar sustituciones inteligentes: ante la falta de carne y arroz la combinación de frijoles con vianda como el boniato o la yuca crea proteínas completas y saciantes. “Esto enseña que la resiliencia alimentaria está en saber combinar lo disponible para mantener el equilibrio nutricional”.
Otras recomendaciones, muy a tono ante los precios de aceites y grasas, es cocinar más al vapor y hervido y menos frito, toda vez que esto encarece la preparación y aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares; integrar ensaladas en cada comida, reducir el exceso de azúcar y aprovechar cada parte del alimento en la cocina, toda vez que las cáscaras, hojas y tallos aportan fibra y vitaminas y pueden utilizarse en caldos o ensaladas.

Ser cada vez más responsables
El consumo responsable es otra de las aristas que aborda el proyecto Apoyo a la soberanía alimentaria y desarrollo local en el municipio de La Habana del Este a través del fomento de sistemas agroforestales resilientes.
Sobre el tema, el tríptico señala que el consumo responsable en un Sistema Alimentario Local (SAL) es la práctica de elegir, adquirir y utilizar alimentos producidos, procesados y distribuidos dentro de un entorno geográfico cercano, a partir de la prevalencia de criterios de sostenibilidad ambiental, justicia social, economía local y salud personal.
Esto se traduce tanto en preferir productos de temporada de agricultores y productores locales, reducir el desperdicio de alimentos, minimizar el uso de envases y del transporte, como en valorar el trabajo digno en el campo y la ciudad y fomentar circuitos cortos de comercialización como ferias libres, cooperativas o venta directa.
De esta forma, “se contribuye a fortalecer la soberanía alimentaria, reducir la huella ecológica y promover relaciones más justas entre quien produce y quien consume dentro del territorio”.
Como parte del proyecto, se desarrollaron ferias de este tipo donde los productores, fincas y Unidades Básicas de Producción Cooperativa acudieron a comercializar sus productos sin intermediarios, con lo que se fomentó el intercambio, así como la participación de la comunidad y los centros escolares locales para acercarlos a quienes desde el surco hacen posibles que existan productos agropecuarios.
Desde este ámbito, también se emitieron recomendaciones dirigidas a promover el consumo responsable que marcar la diferencia, incluso en el presupuesto doméstico: planificar las compras para evitar el desperdicio de alimentos y los gastos innecesarios; aprovechar cualquier espacio para cultivar condimentos, algunas hortalizas y plantas medicinales; priorizar la compra en feria de productores, mercados agropecuarios estatales o directamente en cooperativas, a precios justos, lo que contribuye a mejorar su calidad nutricional.

Otros consejos son aprovechar las temporadas de abundancia para conservar alimentos, una práctica que no requiere equipos sofisticados, sino que pueden emplearse métodos tradicionales como el secado al sol, el encurtido o el almacenamiento en frascos de vidrio; así como involucrarse en huertos escolares o en iniciativas que fortalezcan la producción local.
El plegable recuerda que en Cuba las pérdidas y desperdicios de alimentos son un problema crítico, por lo que se necesita una estrategia clara desde los hogares. Por otra parte, enfatiza en la necesidad de rescatar recetas autóctonas y evitar la dependencia de productos importados como actos de soberanía e identidad.
A su vez, propone un cuestionario que permitirá determinar hasta qué punto quien lo responde es un consumidor responsable. Entre las preguntas que lanza están: ¿cultivas al menos un alimento en tu hogar? (aunque sea en una maceta), ¿aprovechas las sobras o partes no comestibles?, ¿composteas los residuos en tu hogar?