Doce coronas adornan la historia del equipo de las letras góticas en el pecho, más que ningún otro conjunto del béisbol cubano. Pero la grandeza también implica exigencias, y el tiempo transcurrido desde aquel último campeonato, bajo el mando de Germán Mesa, ha convertido la espera en una herida que solo puede cerrar un trofeo.
¿Por qué pensar entonces que esta puede ser la temporada del reencuentro con la gloria? No hay certezas en el béisbol, mucho menos antes de lanzar la primera pelota, pero sí señales que alimentan el optimismo. Son argumentos deportivos, tácticos y humanos los que permiten considerar a estos Industriales como un candidato legítimo a disputar la corona.
La primera señal llega, precisamente, con un título reciente. Industriales acaba de conquistar la IV Liga Élite del Béisbol Cubano, un éxito que no puede trasladarse mecánicamente a la Serie Nacional por las características particulares de ese torneo y la presencia de numerosos refuerzos, pero que sí devuelve al grupo un elemento que no aparece en las estadísticas: la confianza en que es posible ganar.
El pitcheo parece diseñado para afrontar una temporada de aspiraciones. En un torneo doméstico donde la calidad del lanzamiento ha descendido de manera evidente, disponer de un cuerpo de serpentineros por encima de la media constituye una ventaja importante. Los azules cuentan con brazos maduros, con experiencia en el uniforme nacional y en ligas profesionales extranjeras, capaces de asumir diferentes funciones dentro de un juego.
No se trata solamente de cantidad, sino de especialización. La profundidad del staff permite pensar en abridores, relevistas intermedios y cerradores con funciones bien delimitadas, una característica cada vez más importante en el béisbol moderno, donde muchas victorias comienzan a construirse antes de que el primer bateador llegue al cajón.
Detrás del montículo también existe experiencia. Julio Romero, José Elósegui y Reynier Madruga integran un cuerpo de entrenadores de reconocido nivel, con preparación suficiente para contribuir a transformar el talento disponible en rendimiento sobre el terreno.
Guillermo Carmona conoce el camino y conoce a sus hombres. El estratega que condujo a Industriales al título de la Liga Élite tendrá ahora el reto de demostrar que aquel éxito puede tener continuidad. Para ello cuenta con una ventaja importante: conoce profundamente a sus peloteros, sus virtudes, sus defectos y las características de cada uno.
Carmona ha conseguido algo más que diseñar una alineación: ha fortalecido la cohesión del grupo. En un deporte donde una temporada es demasiado larga para sobrevivir únicamente con talento, la confianza entre compañeros, el respeto al cuerpo de dirección y el sentido de pertenencia pueden terminar inclinando partidos y series.
La disciplina se ha convertido en otra de las fortalezas del conjunto. Basta observar los entrenamientos en el Latinoamericano para percibir un ambiente de concentración, con peloteros atentos a las orientaciones y conscientes de que el objetivo colectivo debe prevalecer sobre cualquier protagonismo individual. Esa actitud puede resultar determinante cuando lleguen los momentos más exigentes de la campaña.
La defensa, por su parte, continúa siendo una garantía. Industriales ha acostumbrado a sus aficionados a ocupar posiciones de privilegio en este apartado y vuelve a presentar una plantilla capaz de convertir batazos en outs, contener amenazas y sostener ventajas cuando el pitcheo lo necesite. Los campeonatos también se construyen desde el guante.
La ofensiva combina experiencia y juventud. La presencia de veteranos junto a jugadores que buscan consolidarse ofrece un equilibrio interesante, con velocidad para fabricar carreras y fuerza para producirlas en un solo swing. En ese trabajo tendrá un papel importante Alexander Malleta, antiguo artillero de los Leones y del equipo Cuba, ahora convertido en mentor de los bateadores.
También la preparación física responde a las exigencias de la temporada. Bajo la conducción de Pipo Rojas, el trabajo busca más que poner a punto a los jugadores: procura mantenerlos saludables, disponibles y competitivos durante una campaña que exigirá resistencia, recuperación y capacidad para afrontar numerosos partidos en poco tiempo.
El nuevo formato de competencia puede favorecer a los equipos que lleguen mejor preparados. Industriales compartirá la llave A de la Zona Occidental con Vegueros de Pinar del Río, Cazadores de Artemisa y Piratas de la Isla, mientras Cocodrilos de Matanzas, Huracanes de Mayabeque, Elefantes de Cienfuegos y Leopardos de Villa Clara integrarán la llave B.
La fase clasificatoria contempla 44 partidos por equipo, con dos enfrentamientos de cuatro juegos ante los rivales del mismo grupo y series de cinco desafíos frente a cada adversario de la otra llave occidental, una estructura que premia la regularidad y convierte cada tramo del calendario en una prueba de consistencia.
Los cuatro mejores de cada zona avanzarán a la postemporada mediante el sistema Page, antes de que los campeones de Occidente y Oriente se enfrenten por el título en una final al mejor de siete, un camino diferente al de otras ediciones y que exigirá llegar al final con el motor encendido y no simplemente con el tanque lleno.
Y ahí está, precisamente, el gran desafío. Industriales no puede vivir de sus 12 coronas, de su historia, de las letras góticas ni del rugido que acompaña cada batazo en el Latinoamericano. Tampoco puede confundir la reciente conquista de la Liga Élite con una garantía de futuro.
Pero tiene algo más poderoso: un equipo que parece haber encontrado nuevamente su identidad.
Tiene brazos fuertes, defensa, velocidad, poder, experiencia y juventud. Tiene entrenadores capaces, un director respetado, disciplina, preparación y, sobre todo, una unidad que se respira en cada entrenamiento y una afición que lleva 16 años esperando.
Quizás por eso esta vez el viejo Latinoamericano no parezca solamente un estadio, sino una deuda convertida en esperanza.
El 4 de octubre comenzará otra historia. Los Leones saldrán a buscar la decimotercera corona, pero esta vez no tendrán que perseguirla únicamente con el bate y la pelota: la llevarán empujándolos desde las gradas los aficionados que llevan demasiado tiempo esperando. Nos vemos en el estadio.