Iniciativa abre las puertas al cambio en agricultura de La Habana del Este

En este municipio capitalino concluyó un proyecto que dejó conocimientos, recursos y una familia llamada a darle continuidad a los avances, lo que demanda de apoyo institucional
Foto: Raquel Sierra

El camino al cambio puede resultar sencillo o complejo, en solitario o acompañado, exitoso o lo contrario, provechoso o inútil. Quienes participaron en el proyecto Apoyo a la soberanía alimentaria y desarrollo local en el municipio de La Habana del Este a través del fomento de sistemas agroforestales resilientes, esa ruta ha dejado satisfacción y ganas de hacer más.

Sin dejar de reconocer que en el trayecto enfrentaron tropiezos –no pocos-, derivados del contexto y también de la falta de acompañamiento de entidades administrativas y que hubo aspectos que no se tuvieron en cuenta desde un inicio, las personas y colectivos beneficiarios del proyecto de cooperación internacional remarcaron que justo en esos escollos habrá que centrar la mirada en una deseada nueva temporada.

¿Qué queda?

Desde el primer encuentro, quedó claro que el proyecto se propuso como objetivo principal contribuir a garantizar el derecho a la alimentación, promoviendo la Ley de Soberanía Alimentaria y Seguridad Alimentaria y Nutricional y el desarrollo local resiliente con un enfoque inclusivo y de sostenibilidad ambiental en la capital cubana, específicamente en el municipio de La Habana del Este.

Por eso apostaron desde la organización no gubernamental española Justicia Alimentaria (JA) y la Generalitat Valenciana junto a la contraparte cubana, la filial Habana de la Asociación Cubana de Producción Animal (ACPA).
El proceso, de inicio a fin, se desarrolló con la participación activa de los beneficiarios: la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Juan Manuel Márquez, en el Consejo Popular Campo Florido; las fincas Atocha, La Daisy y La loma, de la Unidad Empresarial de Base (UEB) Forestal Guanabo, y las fincas San Anselmo, La loma y El ateje, del Órgano de Base Pequeños Rumiantes de la ACPA.

Seguir soñando y construyendo

Foto: Raquel Sierra

Y esa construcción colectiva primó también en el taller de cierre, donde se expusieron tanto las satisfacciones como lo que queda por hacer en el futuro, que dependerá de la sostenibilidad que sepan darle en cada espacio a los conocimientos, los recursos y las buenas prácticas.

Junto a beneficiarios participaron la presidenta nacional de la ACPA, Lissette Fernández Páramo; Iván Sánchez, responsable en Cuba de la organización no gubernamental española Justicia Alimentaria (JA); Vivian Leiva, vicepresidenta de la Filial Habana de la ACPA; Giselle Chong, coordinadora del proyecto, y representantes en el territorio de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP).

Según señaló en el encuentro. Pedro Fernández Rodríguez, presidente de la CCS Juan Manuel Márquez, entre las insatisfacciones se encuentra el divorcio y la falta de acompañamiento de las instituciones estatales, y que en los encuentros no hayan podido participar más cooperativistas, por motivos diversos, entre estas las dificultades para la movilidad, dado el momento actual que vive el país, que provoca además, un alza de precios de los servicios que la CCS necesita.

Como parte de los sueños, que responden a la inestabilidad eléctrica y a necesidades de la producción y la cotidianidad, mencionó la introducción de sistemas solares fotovoltaicos de respaldo que permitirían garantizar el funcionamiento estable del taller instalado con la contribución del proyecto, que podría enriquecerse además con herramental para incrementar el abanico de servicios que se brindarían no solo a asociados, sino también a otras CCS y a la comunidad. Se sueña también con una suerte de entrenamiento en mecánica para personas interesadas y jóvenes de las zonas cercanas que podrían encontrar un sustento en este tipo de actividad.

Otro de los sueños es contar con una casa de posturas, escasas en el territorio, para asegurar un insumo crítico para la producción de alimentos, las semillas, que hoy “se están importando y son demasiados caras y al no haber semillas ni posturas, la producción se tarda un poco y se pasa mucho trabajo para sembrar en el momento oportuno”. Con esto, a su vez, se podría responder a los preceptos de la Ley SSAN, “hacer un programa para la comunidad, para tratar de que todo el mundo tenga tres matas de guayaba, dos de mango, una de aguacate y eso va a ayudar muchísimo”.

Mencionó también una losa sanitaria para el sacrificio animal, a lo que los presentes agregaron un centro de elaboración, tanto para el procesamiento de la carne de ganado mayor y menor como de pescado, a partir de la reciente incorporación de presas a la CCS. No faltó su alusión a los talleres sobre género que, en su caso particular, trajeron cambios en la dinámica familiar y en la redistribución de las tareas entre los integrantes de la familia, que antes recaían exclusivamente en la parte femenina, una experiencia que comparten para su extensión al interior de la CCS.

Las palabras de Fernández Rodríguez generaron opiniones y análisis de carácter económico, factibilidad, ingresos, destinos de los beneficios, que dan la medida de cuánto han calado los conceptos de sostenibilidad y circularidad.

Voces de Santa Bárbara y la forestal

Maritza Gómez es la presidenta de la CCS Elio Llerena, ubicada en la localidad de Santa Bárbara, distante unos 11 kilómetros del núcleo urbano de Campo Florido. Como beneficiaria del proyecto, agradeció los aportes en capacitaciones y recursos recibidos, así como que haya surgido una familia a partir de esta iniciativa.

Como presidenta de la CCS, casi colindante con Mayabeque, desearía que se tenga en cuenta a la cooperativa como escenario productivo para una eventual segunda oportunidad, pensando en la introducción de un sistema de energía renovable que permite el funcionamiento del pozo comunitario en beneficio de la comunidad, un tractor con sus accesorios para uso colectivo, teniendo en cuenta lo distante de las fincas, y algún transporte que contribuya a trasladar los productos para su comercialización y entrega al consumo social.

Entre las necesidades, Gómez planteó también insumos para la producción como tarimas para ovino-caprino, cercas perimetrales y para acuartonamiento, máquina para chapear y motosierras, minindustria de queso y yogur por tratarse de una cooperativa ganadera, y algún medio informático.

En representación de la UEB Forestal Guanabo, Brigitte Mavis Ferrer Trinchet, de la finca Atocha, señaló que durante el proyecto se realizaron visitas de campo junto a especialistas del Instituto de Investigaciones Agroforestales, quienes revisaron y orientaron cómo hacerlo mejor y qué beneficios extraer del bosque sin dañarlo, entre otros muchos temas.

Pendiente queda el estudio del suelo para poder determinar exactamente qué tipo de árboles son los más adecuados para las fincas de la UEB, así como para el desarrollo del agroturismo, se insistió. También se enfatizó en la defensa de esos espacios ante algunos intentos de desforestar que han encontrado en el camino. Al respecto, la joven destacó que como forestales “todo lo que se trata de los árboles y del medio ambiente nos gusta, porque es nuestra vida. Y la parte agro nos toca también porque solamente del bosque no nos vamos a alimentar, nos alimentamos de todo lo que podamos hacer debajo”.

A diferencia de las CCS, la forestal pertenece a una empresa estatal, que sufre hoy diferentes cambios a partir de las transformaciones económicas y sociales en el país. Al respecto, cuestionó la indiferencia hacia los proyectos que traen beneficios no solo para los beneficiarios, sino también avances para la empresa y la comunidad.
Se refirió también a la necesidad de estudiar y medir la calidad del agua de los pozos artesanales y de llevar los conocimientos de la labor agropecuaria a las escuelas, a las nuevas generaciones.

Llamado

Una de las ideas recurrentes del encuentro fue la necesidad del acompañamiento institucional y su compromiso con las acciones que se llevan a cabo para cumplir una ley que involucra a la sociedad en su conjunto y en la que las instituciones y gobiernos también tienen su responsabilidad.

Desde Justicia Alimentaria, su representante en Cuba, invitó a “seguir aportando entre todos para seguir fortaleciendo los territorios” y a “seguir trabajando en conjunto y buscando alternativas y no desanimarnos, sino ser siempre positivos en las cosas que estamos haciendo”.

A partir de las propuestas iniciales, dijo, se trabajará en un borrador, que luego se llevará a la mayor cantidad de personas posibles para continuar el proceso de intercambios de cara a una formulación aterrizada a las necesidades y sueños.

La idea, destacó, es no cansarnos de tocar puertas para conseguir lo que verdaderamente queremos. Por otra parte, llamó también al sentido crítico como vía indispensable “mejorar como organizaciones, mejorar como equipo de trabajo e intentar siempre dar lo mejor de nosotros”.

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