La política del gobierno de los Estados Unidos contra Cuba solo puede catalogarse de genocidio por el feroz asedio y bloqueo de recursos energéticos que precisa cualquier país, para la supervivencia humana.
Resulta absurdo que una nación desarrollada y grande del Primer Mundo, en esta era de civilización sea tan abusiva y quebrantadora del derecho internacional y humano contra el noble y solidario pueblo cubano, al extremo de instrumentar medidas de sanciones y acoso contra brigadas médicas de la Isla que durante décadas han asistido y prestado servicios en muchos países del mundo que lo han precisado ante desastres naturales, insuficiencia de personal sanitario, médicos y paramédicos, etc.
La vulneración de soberanía de otras naciones es tan burda, injusta, carente de objetividad y solidez de argumentos que incide en mayor desprecio hacia aquellos que como el señor Marco Rubio, Secretario de Estado de Washington, y profundo desconocedor de la historia y vida de los cubanos, son artífices de instrumentar disposiciones alejadas de valores y principios humanos.
Millones de ciudadanos de América, de su gran Caribe, Asia, Europa, y África, que en disimiles contextos y etapas han contado con la mano solidaria y profesional de especialistas de la Mayor de la Antillas, están conscientes del apoyo desinteresado y la ética sostenida por los profesionales de la nación caribeña que han salvado vidas, realizados cientos de cirugías de la vista con “ Operación Milagro”, y devuelto calidad de vida a aquellos que recibieron prestaciones de médicos cubanos a través de múltiples misiones de contingentes de Salud procedentes de Cuba.
Podrán olvidar gobiernos y desagradecidos existentes en todas las latitudes a través de la historia, pero las poblaciones, los ciudadanos excluidos, o aquellos que radican en lugares inhóspitos que solo han conocido la colaboración médica cubana, esos jamás olvidaran a quienes sin pedir nada a cambio, brindaron su solidaridad cuando más lo requerían.
Y no solo la Isla ha estado presente apoyando mejoras sanitarias y contribuyendo con la creación de estructuras de Atención Primaria de Salud, en la que existe experiencia, sino que, además, (y, a pesar del genocida bloqueo de EE.UU), ha preparado en su Escuela Latinoamericana de Medicina a miles de galenos de otros países, y gracias a ello pueden ejercer como profesionales en sus lugares de origen. Algunos incluso, proceden de países desarrollados, o con mejores recursos económicos, pero el lucro, costo de esa carrera, no les permite en su tierra, alcanzar su sueño de graduarse en Medicina.
¿Cómo un gobierno autoproclamado “paladín de derechos humanos y democracia”, como EE.UU., puede aplicar sanciones tan aberrantes como obstaculizar ayuda médica y solidaria de Cuba, a pueblos necesitados del planeta? ¿Y lo hacen sin pudor alguno, con pretextos tan torpes e increíbles que ninguna persona racional, sensata y de buena voluntad del mundo, puede creer?
Las agresiones de Washington no tienen frontera ni fin, son parte de una estrategia obcecada, ambiciosa y de decadencia moral y justicia, sin precedentes, en pleno siglo XXI. Condenan a Cuba con barrabasadas de todo tipo, generalmente con actos de lesa humanidad cometidos por Washington, y no por la Isla. Ellos cobijaron terroristas como Posada y Bosch, entre otros, fomentan desde hace años terrorismo con acciones violentas en costas, hoteles, incursiones armadas, subversión etc, hechos orquestados desde el sur de la Florida en Estados Unidos, contra la Mayor de las Antillas.
El pueblo estadounidense y cubano no merecen un gobierno en la Casa Blanca tan agresivo y promotor de conflictos regionales y mundiales. Merecen relaciones armónicas que apunten al desarrollo y bienestar de los ciudadanos de las partes, sin condicionamientos, bravuconerías, ni pobre diplomacia, esa que practica hoy el Departamento de Estado, en Washington.