Sin proponérselo, Daylín Verónica López Rodríguez, engaña. Lo hace, en tanto aparenta unos 25 años, a lo sumo 30, cuando en realidad son 38. También otra aparente contradicción le adorna la vida: Aunque, parir, parir, solo dos veces, ella asegura haber traído al mundo varios cientos de niños, quizá más de mil.
Esto último, que pareciera la más grande de las exageraciones, se ajusta, sin embargo, a la más estricta de las verdades. Y es que en sus 10 años como ginecobstetra, la doctora Daylín ha entrado tantas veces al salón de parto del Hospital General Docente Enrique Cabrera (Nacional), instrumental en mano, que ya ha perdido la cuenta.
“Asistir a una embarazada en el momento del alumbramiento me hace sentir que la criatura acabada de llegar al mundo, en alguna medida, también me pertenece. Yo recibo al recién nacido con tanta emoción como su madre biológica, y me da la misma alegría, aun cuando luego, tal vez, no vuelva a verlo jamás, ya joven, hombre o mujer. Al menos, así lo veo”.
Daylín Verónica no tuvo influencias familiares que le inclinaran hacia la profesión. Es, hasta ahora, la primera única médico en la familia. No obstante, de pequeña, también en sus juegos fue doctora y maestra.
“Un día sanaba y otro enseñaba, pero a la hora de la verdad, en el momento de tomar una decisión, Galeno tiró más duro de la cuerda, y no obstante los ruegos y argumentos del médico de la familia del barrio para que no lo hiciera, terminó por imponerse el deseo de curar a los enfermos por encima de las infantiles incursiones por la docencia”.
Sin embargo, según nos cuenta, de no habérsele otorgado la carrera de medicina, la primera de sus opciones, en la boleta de solicitud de carrera, le habría gustado estudiar, no magisterio, sino Comunicación Social, la cual, de hecho, ocupaba el segundo escaño.
Ahora bien, casi dos décadas después de su primer día de graduada como profesional de la salud, a pesar de guardias, escaseces, sacrificios de los que no escapa la familia y otros sinsabores, asegura amar lo que hace tanto como a la capital, la ciudad donde nació y ha crecido.
“No soy de quienes, médicos, no quieren a sus descendientes siguiéndole los pasos. Si mañana, uno de mis hijos o los dos, eligen vestir la bata blanca, me darán la mayor de las alegrías.
“Para mí no hay nada más reconfortante que poner, por primera vez, el hijo en manos de su madre. O devolverlo sano y salvo, después del tratamiento ante un inconveniente o al término de la guardia.
“De la misma manera, que lo más doloroso es una muerte, de la criatura o la progenitora, e incluso y peor aún, ambos. También lastima mucho, un bebe que llega con alguna malformación”.
Esta entrevista fue concertada por la dirección del medio y no por mí, sin embargo, yo me la debía. Hace justamente seis meses, la Dra. Daylín Verónica López Rodríguez hizo el parto de mi primera y única nieta. Fue un feliz alumbramiento. Hoy, tanto la nuera como el hijo, se cuentan entre sus amigos.
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Maravillosa persona y Doctora, tuve la oportunidad de conocerla en el preuniversitario y más suerte aún que asistiera mi segundo parto, se ve que ama el trabajo que hace y además muy humana a la hora de tratar con los pacientes. Mis más sinceras felicitaciones para una gran profesional.