El gobierno de los Estados Unidos de forma paulatina ha continuado anunciando medidas contra Cuba que rebasan toda práctica y avances en la era civilizatoria. Desde un bloqueo económico, comercial y financiero, el más largo, y con record de vileza en los siglos XX y XXI, ha pasado a ocupar un lugar muy despreciable en la historia de la humanidad y de su propio país, al recrudecer el asedio al noble pueblo cubano, y pasar del absurdo al genocidio.

Washington concibió en sus macabras concepciones de guerra extender el cerco a la Isla con más sanciones y prohibiciones al extremo de la crueldad, al impedir la fluidez que precisa cualquier nación, y por ende su población, de recibir combustible para la vida cotidiana de sus ciudadanos y los servicios básicos que estos precisan.

Me pregunto; ¿podrían los EE.UU vivir dos días sin combustible, o quizás mejor, un mes, sin acceso alguno a un barco del preciado recurso para la supervivencia de su pueblo?

La perversidad de la Casa Blanca y la obcecada mente de su Secretario de Estado, el señor Marco Rubio, (quien de Cuba realmente no conoce nada, ni sus palmas, montañas, mares y hospitalaria gente), no solo muestra odio intrínseco contra la nación caribeña y la negativa influencia que le imponen otros comprometidos con mafias de Miami, conocidos promotores de asedios, violencia y cuales, además, por sus acciones descabelladas, denotan profunda frustración personal y ambiciones de poder. Denota, además, incapacidad para ejercer la diplomacia, si estudiase en el Instituto de Capacitación de Relaciones Exteriores de Cuba estaría, suspenso.

Los cubanos de la Mayor de las Antillas (que no asimilan las políticas ni estrategias de odios que profesan desde Norteamérica y particularmente desde la Florida, cuna de la contrarrevolución, esa que tanto daño ha provocado a la población cubana a través de acciones terroristas, incursiones armadas, bloqueos, campañas de desinformación, etc.), lamentan también, cómo el Congreso de EE. UU, no pone freno a tanta barbarie contra un noble y solidario pueblo como el cubano.

Resulta preocupante e inusual, que esos representantes de diversos Estados en el Congreso, no tóxicos, como suele ser el área de Miami en Florida, permitan, además, que los ciudadanos estadounidenses sean presa, asimismo, de ese absurdo que les limita viajar y hacer negocios libremente con Cuba, territorio vecino y cual jamás agredió a EE. UU, ni representa amenaza alguna, y eso bien lo saben en Washington, el Pentágono, La CIA, el FBI y todas sus agencias de seguridad y espionaje.

Cuba mantiene relaciones respetuosas y comerciales con cientos de países del mundo, muchos con ideologías y formas de pensar diferentes, pero logran beneficios mutuos en esas interacciones entre naciones.

El disparate que practica la Casa Blanca con respecto a la Isla es de tal magnitud que puede convertirse en otro muy peligroso conflicto, un caos para esa administración, y esta vez, muy próximo a sus costas y fronteras. Y lo que es peor, por solo complacer a grupúsculos en Miami, generalmente entes de mentes enfermas de odio, que nada tienen que ver con el sentir mayoritario del pueblo estadounidense. 

Olvidan también en Washington a las familias de cubanos, esas que están hastiadas de bloqueos y amenazas de invasiones militares, que no aceptaran jamás, que sus allegados sean víctimas de genocidios como los que vienen proponiendo, con medidas salvajes, los Rubio, las Elvira Salazar, Los Jiménez y compañía.

Esos cavernícolas, promotores de odios, muerte y desestabilización, no piensan ni miden las consecuencias catastróficas de sus actos, no solo para Cuba, sino también, para Estados Unidos, con degradación moral sin precedentes. Y menos, son capaces de valorar las ventajas de relaciones armónicas entre La Habana y Washington, porque solo les motiva sus bolsillos e intereses, y no el sentir de millones de norteamericanos que están curados del espanto que ellos representan, y anhelan mejorar de una vez por todas, los vínculos diplomáticos entre ambas naciones.

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