Existe consenso entre expertos, investigadores y especialistas en las relaciones entre EE. UU y Cuba, sobre la dañina influencia que existe en la administración de Donald Trump de sectores ultra reaccionarios radicados en la Florida y la Casa Blanca.
Lamentablemente, la profunda ceguera política de las autoridades actuales de Washington no les permite visualizar cuánto afectan, con sus medidas draconianas y de corte genocida contra la Mayor de las Antillas, a la inmensa mayoría del pueblo norteamericano representado por millones de ciudadanos cansados del conflicto bilateral de más de 65 años, y potenciado con creces, por la administración de Donald Trump.
Todo indica que sus aduladores oportunistas y poco confiables, como su traumado Secretario de Estado, Marco Rubio, lo tratan de embaucar, solapadamente y en silencio, cada vez más, con sus aspiraciones y dementes ambiciones, de poder y protagonismo.
Uno de los disparates más grandes cometidos por la Casa Blanca, es sin dudas, su compromiso con el recalcitrante lobby miamense, y la degradación moral en aumento del señor Rubio, lo cual no solo es por su voracidad hacia Cuba, sino por sus acciones en Latinoamérica y el mundo.
Este personaje, actual Secretario de Estado, se ha caracterizado por sus sistemáticas falacias, absurdos y tergiversación de informaciones, dando, además, fehacientes muestras de servilismo y dependencia de grupos anticubanos radicados en la Florida que lo utilizan como su marioneta. Esos sectores minoritarios que tratan de imponer sus designios y obstaculizan acuerdos civilizados y beneficiosos para las partes están convocados al fracaso.
Desestiman la voluntad política de millones de ciudadanos estadounidenses y de la mayoría de la comunidad cubana, esa no traumada ni extremista, que posee anhelos legítimos de interactuar con armonía con sus familias, amigos, vecinos y su tierra de origen.
Cuba, como se demostró durante el periodo de Barack Obama, a pesar de las notables diferencias ideológicas, siempre ha estado presta a dialogar y mejorar las relaciones con Norteamérica, como mismo las sustenta con cientos de naciones del mundo, incluso, con sistemas políticos y económicos, distintos.
Y en todos los casos esos diálogos se han sostenido sobre la base del respeto mutuo, resultando beneficiosos acuerdos para ambos pueblos. De ahí que resulte irracional e ilógico el comportamiento obcecado hasta límites demenciales, observado en EE. UU contra la Isla, la cual jamás ha agredido ese país.
Pero la historia demuestra cómo se impone la verdad frente a la infamia y los genocidas. Cuba precisa de paz, de que se levante de una vez por todas, (con arrojo y dignidad de quien corresponda, algún día, esa humana misión en Washington); eliminar el genocida bloqueo de los Estados Unidos.
Así mismo seria trascendental que se proyecte, con seriedad y honestidad, una agenda de mejora de relaciones diplomáticas, económicas, comerciales y de inversiones. Pero, sin chantajes, condicionamientos, ni desigualdad alguna, y, sobre todo, con respeto a la autodeterminación de los cubanos, sin injerencia foránea, y con aportes al desarrollo sostenible, como acontece por parte de países soberanos que hoy muestran esa voluntad en el mundo.
Ver además:
Record Guinness de sanciones y perversidad en poder del gobierno de los Estados Unidos

![[impreso]](/file/ultimo/ultimaedicion.jpg?1782063877)