La comunidad internacional a través de la Organización de Naciones Unidas y otras instituciones regionales y globales muestra profunda preocupación por la situación de conflictos y guerras generadas hoy en disimiles latitudes del planeta. Estas pueden contribuir al fomento de una nueva conflagración mundial, o desestabilizar aún más, regiones y naciones, al extremo de incentivar ingobernabilidad, mayores migraciones y catástrofes humanitarias de colosal magnitud.
Medios de comunicación, expertos, investigadores y especialistas en temas globales de varios países señalan las acciones del gobierno de EE. UU como muy peligrosas para el sustento de la paz mundial, y la propia estabilidad política y económica de ese país, y sus consecuencias para todos los pueblos del orbe.
Así mismo se evidencia como esa nación desarrollada que podría dedicar más recursos y demostrar mayor voluntad política en sostener o hacer crecer su economía interna con menos desigualdades, y favorecer a la del resto de naciones en desarrollo sin guerras absurdas, invasiones ni chantajes abominables que exacerban odios y desprecio, hacia quienes lo practican, continúa enfrascada en ambiciones expansionistas y de poder, desequilibradas.
En Oriente Medio existen varios escenarios de beligerancia que además de muy comprometidos, ponen en alerta al mundo por las consecuencias de esa torpeza protagonizada por Israel y EE. UU, lo cual puede incidir, además de la crisis humanitaria y destructiva, ante genocidio en Gaza, en mayores problemáticas de carácter universal. Ello también, fundamentalmente, daña a millones de seres humanos de la región y al propio ciudadano estadounidense que está harto de que sus hijos y allegados vayan a morir, por complacencia, compromisos y caprichos de ambiciones y arrogancia, de otros.
En Latinoamérica y el Caribe se fomentan injerencias e intervenciones de Washington de manera verdulera, irrespeto a la soberanía y autodeterminación de países independientes, lo cual también genera repulsiones y desprecio, hacia los invasores de los pueblos.
Por ejemplo, en Cuba, crece la aversión de sus ciudadanos hacia la Administración de Trump y en particular contra su Secretario, Rubio, personaje que se jacta de representar a los cubanos a base de falacias y oportunismo. Resulta lo más dañino y perverso en derechos humanos que la Isla haya conocido, y cual de cubano no tiene nada, ni siquiera conoce a la nación caribeña.
El señor Rubio, todo indica que de Cuba solo conoce fotos y referencias que le ofrecen resentidos, extremistas, traumados y frustrados miamenses, esos que siempre omiten logros sociales de la Mayor de las Antillas y el genocida bloqueo que contra ella se mantiene desde hace más de 65 años, record de vileza e ignominia. Y de forma inmoral algunos de esos hipercríticos de todo el sistema social instrumentado en la Isla obtuvieron sus viviendas, profesiones técnicas y universitarias, especializaciones, maestrías y doctorados, gracias a las oportunidades dadas en Revolución.
Decenas de sanciones y medidas son declaradas habitualmente por la Casa Blanca contra Cuba, disposiciones antihumanas que son orientadas a más asfixia al pueblo, las penalizaciones en sector energético, entre otros, son uno de los genocidios mayores del siglo XXI, solo comparables con hordas fascistas y lo acontecido en Gaza.
Sin embargo, a pesar de esa barbarie, los cubanos no cejan en su empeño soberano de desarrollar su país, y defenderlo de bribones. Son múltiples las transformaciones económicas y de mayor participación ciudadana en curso, incentivos productivos y de inversiones, siempre en beneficio de las mayorías de la población. Solo el irracional e ilógico bloqueo de EE. UU limita nuevos autores, incluyendo empresarios norteamericanos y de otras latitudes interesados en participar en el desarrollo económico y financiero de Cuba, en beneficio de las partes.
La estupidez y perversidad de Rubio y compañía, más la complacencia ciega del señor presidente Trump a ese lobby extremista, ultra reaccionario y nada pragmático, afecta con creces al pueblo estadounidense y a sus también hombres y mujeres de bien, emprendedores de negocios y colaboración con países vecinos.
Pero más temprano que tarde se impondrá la razón, la verdad y el humanismo frente a toda manifestación de genocidio, porque la historia la escriben sus pueblos, no invasores foráneos.
Cuba es de los cubanos que la edifican, trabajan y luchan por un futuro mejor, sin amos, ni bloqueos o agresiones. Nuevas alamedas de paz y prosperidad son propósito esencial del pueblo de la Mayor de las Antillas, con su gente noble, hospitalaria y solidaria.
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