En los últimos tiempos llegan, a través de medios de comunicación, y testimonios de ciudadanos de Estados Unidos, más declaraciones de autoridades de diversos rangos de ese país -que hoy se diseminan por el mundo-, informaciones sobre concreción de actos belicosos, y muy peligrosos, planificados por la Casa Blanca.
Y en su esencia, expresan, que responden a una complacencia irracional a lobbies, minoritarios, como el cubanoamericano de Miami, que influye, negativamente, en el gobierno de Donald Trump, y es conocido, que no representan para nada a la inmensa mayoría del pueblo norteamericano.
Esas acciones desatinadas preocupan a la ciudadanía, no solo estadounidense, sino también, a la comunidad internacional, hastiada de conflictos fabricados por aquellos que acostumbran a empujar, y ellos no darse golpes. Es decir, crear focos de tensión y guerras, pero que, a ellos y sus allegados, no les salpique, cuestión que en la era actual es improbable.
Se exacerban, además, políticas de odio y violencia contra millones de migrantes que históricamente conformaron la población norteamericana, aportando con sus conocimientos y trabajo, generalmente en condiciones más desventajosas que los naturales, pero productivos y generadores de prestaciones de servicios esenciales, importantes para ese pueblo.
Igualmente, se constata cierta cacería de brujas que ojalá no alcance la dimensión de los años 50 de la pasada centuria, y por pensar diferente, oponerse a determinadas estrategias de extremismo, a guerras irracionales y trato a personas afroamericanas o minorías étnicas, o sencillamente, por no coincidir en ideologías. Ello es absurdo y desequilibrado verlo como una amenaza para la cúpula gobernante de ese país.
El denominado “paladín de democracia y derechos humanos” proyecta desde sus orígenes como nación, esos principios, los cuales, lamentablemente, se incumplen notoriamente, y con particular énfasis, en el contexto actual de Washington.
Asimismo, aliados y no aliados de la Casa Blanca, constatan, cómo se permiten imponer en la Casa Blanca las influencias y compromisos con grupos de poder que no representan en lo más mínimo, el sentir de los millones de ciudadanos estadounidenses, lo cual se refleja en visitas, e intercambios con otros pueblos, y en múltiples encuestas de opinión, locales y foráneas.
Uno de los ejemplos más fehacientes y que constituye una profunda degradación política y moral para el actual gobierno de los Estados Unidos, es sin dudas, el crimen de lesa humanidad que promueven contra Cuba, país del Caribe y latinoamericano de esencia respetuosa, solidaria y humana.
Existe una realidad que no puede silenciarse, no solo recrudecen el genocida bloqueo con prohibiciones y más sanciones y medidas extraterritoriales que vulneran soberanía de países soberanos de América, Europa, Asia y África y Oriente Medio.
Quebrantan el derecho internacional de manera verdulera y desvergonzada, al extremo de obstaculizar envío de combustible para la vida de todo el pueblo de la Mayor de las Antillas, sino que, además, amenazan de invasión y destrucción a un país independiente el cual solo aposta a su desarrollo económico social, a lo cubano. Y con paz, y posibilidades comerciales e inversiones con todos los pueblos interesados en contribuir a su avance, en condiciones de igualdad y beneficio mutuos.
A esa política de extrema presión y demencial guerrerismo se suman los conflictos en que hoy la Casa Blanca se encuentra inmersa en distintas latitudes, generalmente por complacencia a lobbies de orígenes foráneos, o de particulares intereses, que, por su ego, obsesión, fanatismo, frustración y traumas personales, arrastran a los Estados Unidos de América y otros países, a cruzadas belicistas, muy, pero muy comprometidas, en esta era que dice ser de “civilización y avances tecnológicos”.
Y cual se previó para alcanzar un mundo de prosperidad, amor y convivencia pacífica que alejase de la faz de la Tierra, a los vampiros fascistas, los Goliat que necesitan vivir de la sangre de los David, esos que por su historia no se pliegan a los abusos e injusticias de los monstruos de nuevo tipo.
Quizás, más temprano que tarde, en el gran país del Norte, EE.UU., se logre imponer ante las guerras, las muertes y destrucciones, la inteligencia, cordura, fomento de desarrollo económico, comercial y financiero con todos los Estados del mundo, sin trabas, bloqueos, sanciones, ni arrogancia despreciable.
No al fascismo, las guerras, bloqueos, injusticias y amenazas. Si, a la Paz, colaboración, y buenas relaciones entre los pueblos que sustenten desarrollo y buena vecindad.
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