El Gobierno de Estados Unidos de América desde el ascenso de Donald Trump a la Presidencia está más orientado a usurpar territorios de otras naciones soberanas, que legislar y dictaminar medidas a favor de las grandes mayorías de los ciudadanos norteamericanos.

No fue suficiente para Trump apoyar el genocidio de miles de palestinos en Gaza, incluidos bebes, niños, jóvenes, mujeres y ancianos, mayoritariamente población civil, sino que de manera criminal y por complacencia a Tel Aviv, particularmente a Benjamin Netanyahu, agredió traicioneramente a Irán, en un contexto de negociaciones en desarrollo.

También está contribuyendo a la desestabilización del Oriente Medio y al incentivo de la crisis económica global con el ataque al país persa, nación con cuantiosos recursos energéticos y el importante paso del Estrecho de Ormuz que garantiza el tránsito de buques petroleros de diversos orígenes por la zona.

Otro error garrafal de la Casa Blanca es sumarse a la cruzada de Israel de asesinar a líderes políticos y religiosos de otros países, y fuera de su jurisdicción. Vulneran el orden internacional de forma verdulera, sin ética ni respeto alguno a preceptos establecidos por Naciones Unidas, desde hace alrededor de una centuria.

Muy lamentable resulta que una nación desarrollada como EEUU se haya convertido en centro de tensiones y asedios viscerales contra otros pueblos, en vez de enarbolar las banderas de la concordia y la dignidad, sin dobles raseros morales, esos que sin amenazas ni chantajes se alzan por otros Estados para ayudar a países en desarrollo, respetando su identidad, cultura, religión, y sistema político existente, como autodeterminación de esas naciones.

Son varios los países a los cuales desde su llegada al poder viene amenazando, y uno de los más desvergonzado e injustificados actos resulta su estrategia contra Cuba, (pueblo al cual bloquea de manera lacerante de derechos humanos por el mero hecho de no compartir sus designios, su sistema socioeconómico y político), parece ser un retrogrado personaje de la era de piedra.

Este mandatario de turno en Washington no sabe lo que es dialogar, mejorar relaciones de igual a igual, sin prepotencia ni arrogancia imperial, de ahí el repudio creciente que despierta en su territorio, en la nación caribeña, y en gran parte del mundo que no acepta sus condicionamientos y disposiciones arbitrarias.

Lo que aconteció contra la República Bolivariana de Venezuela, el secuestro piratesco e ilegal de su Presidente Nicolás Maduro, muestra el profundo desprecio del dignatario estadounidense por las leyes del derecho internacional y humano, y particularmente por las poblaciones del Sur, las que considera con ciudadanos de categorías inferiores, demostrando el hondo sentimiento racista y discriminatorio implícito en el señor Trump, y sus allegados.

No solo se involucró en la demencial guerra contra Irán, y asesinó a través de sus efectivos militares a cientos de seres humanos en Venezuela, sino que su bitácora de agresiones crece y suma otros miles de muertes al secundar a Israel en la locura expansionista, y de ambiciones de poder.

Las consecuencias de sus actos irresponsables y poco racionales, se hacen sentir también en el pueblo estadounidense, hastiado de guerras y de que sus hijos lleguen en féretros a sus familias, por actos que nada tienen que ver con patriotismo alguno, sino con caprichos insensatos y locas decisiones por necesidad personal de protagonismo.

Movilizaciones en varias partes del mundo y particularmente en EE.UU se hacen sentir ante la escalada de la situación peligrosa y descabellada que se incrementa en el Oriente Medio. Ni Europa, África y los países de la Liga Árabe están dispuestos a secundar tanta barbarie. Recordar que el señor “emperador Trump” ha llegado al extremo de sugerir hasta la desaparición de una civilización, algo tan grave y letal para la humanidad, como lo fue Hitler y el nazi fascismo, en el pasado siglo.

El mundo precisa de gobernantes inteligentes, dialogantes, sin extremismos ni prepotencia alguna. De esa forma la humanidad y el propio Estados Unidos será más seguro, pues no existirán odios, resentimientos, ni venganzas. Hoy Norteamérica se ha convertido en la mayor piedra en el zapato de la paz en la comunidad internacional.

¡No a las guerras!, ¡Viva la Paz!

Otras informaciones:

Huelga 9 de Abril, gloriosa epopeya del pueblo cubano