La Huelga del 9 de Abril de 1958 fue una de las epopeyas más gloriosas y patrióticas acontecidas durante la lucha revolucionaria frente a la tiranía sangrienta de Fulgencio Batista.

La unidad del pueblo con el Movimiento 26 de Julio demostró que, a pesar de no lograr en esa ocasión el objetivo militar, el hecho tuvo trascendencia política al mostrar la inquebrantable decisión de los cubanos de luchar hasta erradicar la abominable dictadura impuesta a través de un Golpe de Estado, en marzo de 1952.

Miembros de la dirección del Movimiento, que accionaban fundamentalmente en la clandestinidad, consideraron creadas las condiciones para llevar a cabo la huelga revolucionaria ese día, coordinando las acciones con otros territorios.

Se inició la hazaña con amplio despliegue de fuerzas revolucionarias en Sagua La Grande, y también en la capital. El suceso comenzó con trasmisiones radiales de profundo contenido, que lograron motivaciones patrióticas en la población.

 Atención cubanos, es el Movimiento 26 de Julio llamando a la Huelga General Revolucionaría. Hoy es el día de la libertad. Día de la huelga general revolucionaría. Adelante cubanos, desde este momento se comienza en toda Cuba la lucha final que solo terminará con el derrocamiento de la dictadura. Obreros, estudiantes, profesionales, patrones, a la huelga general revolucionaría, desde este momento (…)”.

La alocución radial en La Habana estuvo a cargo del combatiente revolucionario Wilfredo Rodríguez Cárdenas, y en Santiago de Cuba, el mismo mensaje se reprodujo por la CMKC, en la voz de Noel Pérez.

Durante la arenga revolucionaria, se exhortaba a secundar la huelga, a los marinos, policías e integrantes del ejército, y al mismo tiempo al pueblo, convocándolos a salir a las calles.

Un rol importante lo tuvo Marcelo Fernández Font, entonces el responsable de la coordinación de la lucha clandestina en las ciudades e integró el Comité de Huelga en la capital, junto a otros líderes del Movimiento que operaban en el centro, y occidente del territorio nacional.

En La Habana se planificaron varias acciones, entre ellas la voladura de registros de electricidad, actividades en el Puerto, asalto a la Armería, paros, sabotajes, interrupción del tránsito de vehículos, con notable efervescencia popular en localidades como el Cotorro y Guanabacoa. Y con igual fin, se organizaron en otras localidades actividades de enfrentamiento al régimen, influyendo en que no pudiesen alcanzar su propósito los problemas de coordinación y organizativos de ultimo momento.

A pesar de la amplia movilización popular y apoyo de marinos y otros efectivos del territorio, no se logró el principal objetivo: desarticular al ejercito batistiano y extender la acción de carácter nacional, apoyando al mismo tiempo al Ejército Rebelde liderado por el Comandante en Jefe Fidel Castro que combatía al tirano, en la Sierra Maestra.

Foto: Tomada del Portal del Ciudadano de La Habana

Entre los aspectos que incidieron en no alcanzar el fin previsto estuvo el fallo de cuestiones esenciales en el proceso organizativo, fundamentalmente de carácter táctico, estratégico, lo cual incluyó imprecisiones en la coordinación entre las regiones.

Como consecuencia de la acción, el dictador diseminó una férrea represión, con el saldo de cientos de muertos y heridos. Se produjo el asesinato de Marcelo Salado y otros compañeros de lucha que de manera valiente y digna enfrentaron las huestes batistianas.

Fidel, desde la emisora Radio Rebelde, al conocer la noticia y el revés de la huelga, expresó: “…sobre el montón de cadáveres con que la dictadura ahoga en sangre la huelga no se podrá mantener en el poder ningún gobierno, y que los centenares de jóvenes y obreros asesinados en esos días y la represión sin precedente desatada contra el pueblo, no debilitaba la Revolución, “sino que la hace más fuerte, más necesaria, más invencible”. Y al mismo tiempo aseguraba al pueblo de Cuba que la Sierra Maestra sería una fortaleza invencible y que los rebeldes mantenían el juramento “de que la patria será libre o morirá hasta el último combatiente”.

El pueblo de Cuba rememora cada año la proeza del 9 de abril, honra a sus héroes y mártires, y luego con el triunfo de la Revolución en Enero de 1959, se cumplieron los propósitos de los combatientes de esa trascendente epopeya que ofrendaron sus vidas por dignificar la Patria.

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