El gobierno de los Estados Unidos actúa de manera insensata como gendarme de destrucción y muerte. Y el recrudecido bloqueo genocida a Cuba es una de las manifestaciones de la Administración Trump mas repudiadas por el pueblo cubano y por la inmensa mayoría de las naciones del mundo, por su esencia genocida.

Los más recalcitrantes, odiadores y viles representantes de la mafia cubano americana, como el señor Carlos Jiménez, María Elvira Salazar y el despreciable Secretario de Estado, Marco Rubio, no son siquiera, considerados en la Isla, descendientes, y menos cubanos, al carecer de la estirpe digna y humana del pueblo de la nación caribeña.

Llama la atención cómo el señor “diplomático”, Jefe de la Misión de la Embajada de los Estados Unidos en La Habana, desde noviembre de 2024, Mike Hammer, desde su nombramiento en la Mayor de las Antillas, se ha dedicado a turistear por las provincias cubanas, ( algo que su gobierno en flagrante violación de su propia Constitución) le prohíbe a los ciudadanos norteamericanos, a los cuales no les permiten viajar a Cuba, menos visitar playas, lugares campestres e interactuar con los ciudadanos de este territorio.

A Hammer se le permite ese bojeo por la Isla con el propósito de que cumpla la encomienda que le ha sido asignada; inmiscuirse en los asuntos internos del país, mostrar “angustia y pesar” ante la población por la situación de escaseces aguda de productos y afectaciones crecientes en servicios básicos que precisan los cubanos. Pero lo más significativo de esa doble moral del señor Hammer y su gobierno, es el cinismo con que trasmite su intención de apoyar al pueblo, luego de ser vocero de los verdugos y criminales que han impuesto a la Isla, el asedio, bloqueo económico, comercial y financiero más largo, genocida y extraterritorial que se haya conocido en la historia de los Estados Unidos, en la región latinoamericana y en el mundo. 

Y ante el aumento de las solidaridad de la comunidad internacional con la nación caribeña, el señor viajero Hammer en su también degradante rol de ser eco de las falacias y manipulaciones de su gobierno para con el resto de los países, busca desesperadamente, entre algunos de sus aliados de ignominia radicados en Europa, consensos y apoyos a su cruzada indigna e inmoral contra la Cuba solidaria, hospitalaria y fraguada en la lucha contra las campañas de mentiras y tergiversación de su realidad, y también símbolo de defensa de soberanía e integridad de la Patria.

La deshonestidad personificada en el señor embajador en La Habana no le permite expresar la única e irrebatible verdad sobre la Mayor de las Antillas, que no es más que declarar, si tuviese algo de decoro y escrúpulo, que la causa fundamental de la actual crisis que padecen los más de once millones de cubanos es el criminal bloqueo impuesto por su país, desde hace más de 65 años, por lo que cuenta con record de infamia contra una pequeña nación que no amenaza, ni agrede a nadie. El cuento de la buena pipa que trata de imponer don Hammer, casi nadie, cree, solo algunos apéndices mercenarios que también buscan prebendas de sus amos y patrocinadores.

Resulta inadmisible y profundamente irrespetuoso que el representante del verdugo que asfixia, intencional y despiadadamente a todo un pueblo, justifique impúdicamente la agresión y vileza de su gobierno, a sabiendas que es el máximo responsable de que además de lo tradicional e histórico del cerco imperial, se haya sumado la persecución absurda contra los países que comercien combustible a Cuba, acciones inhumanas para frenar contactos entre nacionales radicados en EE.UU con sus familias en la Isla, así como obstaculizar el envío de remesas, e interacciones normales entre ambos pueblos.

Expertos, investigadores y estudiosos de las relaciones entre ambas naciones han constatado lo disparatado de la política de la Casa Blanca la cual ha elegido complacer a grupos reaccionarios de origen cubano, radicados generalmente, en Miami, (y cuales han lucrado durante décadas con el pretexto de la contrarrevolución, organizando y sirviendo a elementos terroristas y de baja calaña moral), en vez de preferencial los genuinos intereses de la inmensa mayoría del pueblo estadounidense el cual  concibe a la Isla como un país con el que podrían tener buenas relaciones de vecindad, y negocios e intercambios mutuamente ventajosos. Pero la Administración presidida por Donald Trump está siendo cercenada por su séquito de asesores desatinados y oportunistas, como el señor Rubio, que tiene evidente trauma psíquico con la Isla.

Esperemos que en Washington más temprano que tarde se abran nuevas alamedas que impongan raciocinio, justicia y renazca el respeto al derecho humano e internacional, frente a la mentira, la irracionalidad y la injusticia.

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