La ilegal e injustificada agresión de Washington al pueblo de Venezuela y el secuestro del Presidente constitucional de ese país, Nicolás Maduro, y su esposa Cilia Flores trajo consigo, además, muertos y heridos de personas inocentes. Ello solo es comparable con la era de barbarie e incivilización humana del fascismo en anterior centuria.

El gobierno de Estados Unidos ha burlado todos los principios morales y de respeto a legislaciones del derecho internacional, así como de valores humanos, contradiciendo e irrespetando también, postulados refrendados en su Constitución y en el propio Congreso estadounidense. El señor con psicosis de “emperador” en la Casa Blanca decide a su antojo a qué país y Jefe de Estado de nación soberana, atacar, asesinar, secuestrar y robar de forma verdulera como vulgar mafioso o ladrón de etiqueta y cuello blanco, los recursos naturales de otras naciones, esos que subyacen en el subsuelo de la tierra de Bolívar.

Llama la atención cómo el dignatario norteamericano, Donald Trump, con su accionar demencial guerrerista y ofensivo contra países independientes, viene mostrando graves problemas de personalidad con decisiones autoritarias y dictatoriales que van desde la excedida arrogancia, absurdas y disparatadas decisiones en política exterior e interna hasta una escasa cordura e irrespetuosa postura ante el derecho internacional, con el propósito de usurpar, esta vez, las riquezas petroleras del pueblo de Venezuela.

Sin embargo, en la irracional decisión de la Casa Blanca al secuestrar un Presidente legítimo, institucional, (reconocido por la inmensa mayoría de los ciudadanos venezolanos), y bombardear varios de sus departamentos y Capital de esa nación, lo que ha fomentado, ante la infamia, es una de las mayores movilizaciones patrióticas en la historia de ese pueblo que defiende el legado bolivariano.

También crecen las condenas a ese crimen de lesa humanidad, el cual en códigos judiciales internacionales y de cualquier sistema judicial que se respete, es penado por la ley. A lo interno de EE.UU, y en el mundo, y a pesar de las férreas campañas de distorsión de la verdad y reiteradas falacias y manipulaciones de la opinión pública por parte de Washington, se intensifican las manifestaciones de repudio a los Estados Unidos por su crimen. 

Gobiernos y pueblos de Europa, Latinoamérica y el Caribe, de Asia, África y Oriente Medio señalan ese acto de agresión como una flagrante violación del derecho internacional y soberanía de Venezuela.  

Cada una de las declaraciones del señor Trump dan fe de su interés marcado en apropiarse de las riquezas de los pueblos, en esta ocasión de Venezuela, sin importarle en lo más mínimo esa población a la cual subestima y ha menospreciado con acciones degradantes del ser humano en su política migratoria, también descabellada en método y brutal implementación.

Millones de personas hoy demandan la liberación inmediata del Presidente Maduro, ante el peligroso precedente de vulneración de derechos e inmunidad que debe prevalecer en un Jefe de Estado electo por su pueblo, y no por las elites de Washington, con la violación evidente y desvergonzada de la soberanía de la tierra bolivariana.

Venezuela precisa de seguir defendiendo su derecho al desarrollo con paz e independencia, y no colonizada ni anexada a EE.UU., cuyo mandatario ha expresado, públicamente, y de forma cínica e impúdica, su intensión de administrar sus recursos como si fuesen propiedad de Washington, y no de su legítimo dueño, el pueblo venezolano.

¿Qué dirían los ciudadanos estadounidenses que apoyasen o no, al señor Trump como Presidente, si este fuese secuestrado por un poder extranjero y agredida vilmente su nación?

De seguro, como cualquier otro pueblo defensor de sus raíces y Patria, y ante el quebranto del respeto a leyes del derecho internacional, (ese que precisamente vulneran las autoridades de la Casa Blanca), los ciudadanos de EE. UU considerarían, inaceptable, ese muy peligroso y ofensivo accionar contra la institucionalidad y soberanía nacional.

La libertad de una nación no es negociable “La Patria es ara no pedestal”, y “Patria es Humanidad”, dijo el apóstol de la independencia de Cuba, José Martí.

¡Fuera las huestes invasoras de Venezuela y de la región de América Latina y el Caribe!

¡Viva la Paz e independencia de los Pueblos!

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