El gobierno de Israel que preside el primer ministro Benjamín Netanyahu ha dado suficientes muestras de prácticas genocidas con desprecio por la vida humana.

Con el pretexto de asumir “su defensa” ha masacrado más de 55 mil personas, seres humanos en Gaza que han perdido la vida por la demencia guerrerista de Netanyahu la cual extiende a otras naciones del Oriente Medio que también han sido agredidas.

Su sed de muerte llega a poblaciones del Líbano, Siria, campamentos de refugiados palestinos, con crudeza y vileza en Cisjordania, y por si fuese poco apenas unos días lanzó “ataques preventivos” contra Irán, nación persa que respondió como Tel Aviv quizá no esperaba, rompiendo su coraza de hierro defensiva. Eso demostró que ningún agresor puede quedar impune, más aún cuando es un sistemático quebrantador de los derechos humanos de inocentes niños y mujeres asesinados o desaparecidos por el brutal accionar de las huestes sionistas.

El propósito esencial de estos invasores es histórico, persiguen apropiarse de los recursos y tierras de los

palestinos y pueblos árabes. Su colosal ambición rebasa los indicadores de la civilización en el siglo XXI, y tiene grandes similitudes con el actuar del nazifascismo en la pasada centuria.

En el actual contexto socio-político y económico de Israel, el señor Netanyahu precisa de sustentar las guerras y desviar la atención de la compleja situación de crisis que sufre su administración, y cual se agudiza con sus excesivos gastos militares y daños ocasionados con la respuesta a su agresión por parte de Irán. Trata de mantenerse en el poder, a como sea, a pesar de las barrabasadas que comete y los delitos

acumulados durante su mandato, y busca desesperadamente sostener el apoyo cómplice de Washington y del actual presidente Donald Trump, alianza que contribuye a desacreditar cada vez más al gobierno de los Estados Unidos ante sus ciudadanos y el mundo que constata los horrores y crímenes de lesa humanidad que ha provocado Tel Aviv.

Recientes informaciones publicadas por medios internacionales dan fe de cómo soldados israelíes han expresado que tienen órdenes de disparar a personas y grupos palestinos que se acercan a los centros de ayuda humanitaria en busca de alimentos. Ello demuestra lo criminal del gobierno israelí y sus altos oficiales del ejército, al convertir los puntos de ayuda a las víctimas del genocidio, en blanco de la metralla sionista.

En alrededor de un mes, suman unos 500 los palestinos asesinados cuando se disponían a buscar la ayuda para sus familias en los puntos de concentración creados con ese propósito.

Y qué decir de la embestida brutal contra menores y madres, desde que se inició la invasión israelí, esa que ya cuenta con record de fomentar asesinatos en pueblos del Oriente Medio.

¿Hasta cuándo pueden los Estados y ciudadanos dignos del mundo aceptar un nuevo episodio del nazi fascismo en esta centuria?

La vida de cualquier persona debe ser prioridad ante las ambiciones y la aberración guerrerista impuesta por quienes apostan a la muerte y destrucción, por encima de la paz y la salvaguarda de la existencia humana.

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