A pesar de la intervención de EE.UU en la contienda y derrota de la Metrópoli española, entonces ocupante de la Isla, a los mambises que durante años enfrentaron con sacrificio y sangre a los invasores, y no cejaron en la lucha por la emancipación, no se les permitió entrar victoriosos, como correspondía, a Santiago de Cuba.
Washington a partir de su intromisión en 1898 comenzó a generar formas nuevas de dominación de la Isla, edulcorando la soberanía que con sangres y filo de machete había sido alcanzada. En 1901 se inicia el proyecto de Constitución de Cuba el cual entraría en vigor con la proclamación de “Republica” el 20 de mayo de 1902.
En ese contexto EE.UU maniobraba para limitar bajo su egida la independencia de la nación caribeña, promoviendo desde el comienzo la Enmienda Platt, lo cual permitía a Washington intervenir en la Isla siempre que lo considerase necesario. Esa fue una de las condiciones para promulgar la naciente República que tuvo como primer presidente a Tomas Estrada Palma, gobierno que se caracterizó por la corrupción político-administrativa, profundización de la pobreza, y particularmente la dependencia y entreguismo a Estados Unidos, surgiendo tratados comerciales llamados de “reciprocidad” mientras eran desventajosos para los cubanos, facilitando la compra de tierras al gobierno estadounidense.
Igualmente contribuyo Estrada Palma a la intervención norteamericana aplicándose, en 1906, el artículo 3 de la ignominiosa Enmienda Platt, y la Isla estuvo desde ese año hasta 1909 bajo administración y ocupación estadounidense.
La influencia de la Casa Blanca sería fuerte a partir de los años posteriores, por lo que se conoce como “Republica Neocolonial y Mediatizada” la fundada en 1902.
En ese contexto se preferenciaban productos estadounidenses en su entrada en Cuba con rebajas arancelarias del 20 al 40 porciento, y se ejecutan tratados de arrendamiento de estaciones navales y carboneras, como el de 1903, el cual en virtud del artículo 7 de la Enmienda Platt concede a Estados Unidos el derecho de arrendar tierras para crear bases en Bahía Honda y Guantánamo, usurpando todavía esta última como porción de territorio cubano de forma ilegal.
La década del 20 y el 30 se caracterizaron por tratos preferenciales a EE.UU, en cuanto a política económica y subordinación a sus designios por parte de administraciones de turno que tuvieron la repulsa de movimientos sindicales, organizaciones políticas y población en general, como la Huelga del 33 que derrocó a Machado, con demandas de cambios y reivindicaciones hacia mejores condiciones de vida para el pueblo, y más independencia del país.
No es hasta 1934 que se logra derogar la vil Enmienda que provocó la injerencia de Norteamérica, con mayor nivel de inestabilidad política, hasta que en 1940 se pudo, con amplias presiones populares y sociales promulgar la Constitución cubana que reflejaba importantes reivindicaciones populares, siendo entonces de la más avanzada de la época.
No obstante, se sucederían otros gobiernos dependientes también del capital norteamericano, y con la llegada en 1952 de Batista al poder con un golpe de Estado, se abolió la Carta Magna del 40 e instauro una dictadura militar y sangrienta. Y se alió a ricos terratenientes dueños de plantaciones de caña de azúcar y tierras con grandes latifundistas ahondando aún más la miseria y las desigualdades sociales y raciales.
Al mismo tiempo, el régimen batistiano recibía apoyo financiero, logístico y militar de Washington para sustentar la explotación de las grandes mayorías, e injusticias y crímenes contra la población. Y particularmente contra su juventud que no aceptaba ese régimen de represión y entreguismo a gobiernos foráneos.
Ante la crítica situación y represión instituida surge la epopeya independentista de la Sierra Maestra y lucha clandestina que dio al trasto con la dictadura de Batista y el triunfo revolucionario de 1959, proyecto emancipador que Estados Unidos no comprendió, ni aceptó, por considerar que su influencia y servilismo a su gobierno, se disipaba, ante intereses nacionales.
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