El apóstol de la independencia de Cuba José Martí legó a los cubanos un profundo patriotismo, su sentimiento anticolonialista y advirtió, de las apetencias del gobierno de Estados Unidos sobre la Isla.

Martí, ante la necesidad de sustentar la unidad de los revolucionarios, veteranos de la anterior gesta del 68 y los pinos nuevos sumados a la contienda por la emancipación, y ante quienes invadieron y ocuparon esta sagrada Patria, (entonces la metrópoli española), fundó en 1892 el Partido Revolucionario Cubano. Esta organización política de nuevo tipo tenía el propósito de cohesionar las fuerzas frente al otrora poderoso enemigo que mantenía miles de huestes coloniales controlando la vida de la población en la nación caribeña.

La Generación del Centenario encabezada por el líder Fidel Castro rindió tributo al Maestro en 1953 con los asaltos al cuartel Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, e impregnados de sus ideas frente a opresores como el dictador Fulgencio Batista, quien el año anterior había llegado al poder a través de un golpe de Estado, y sumió al país en una feroz represión y extrema pobreza, fomentando el entreguismo y sumisión al gobierno de turno en Washington.

Foto: Tomada de Redes Sociales

En fecha tan temprana como 1961, luego del triunfo de la Revolución, Fidel, en el aniversario de la muerte del Apóstol, el 19 de mayo, señaló: “La fecha nos trae el recuerdo de aquel luchador por la independencia de Cuba, por la soberanía de nuestro pueblo, por la paz y la justicia entre los hombres, que cayó un día como hoy, nuestro inmortal José Martí”.

Y es que, desde la alborada de 1959, los cubanos inspirados en el símbolo imperecedero que representa el Maestro inició un proceso de reivindicación de su pensamiento y obra a favor de los más desposeídos y olvidados. Se impulsó y llevo a feliz término la Campaña de Alfabetización, porque como dijese Martí, era preciso, “ser culto, para ser libres”, y un pueblo inmerso en ignorancia es preso, generalmente inconsciente, de la explotación del hombre por el hombre, víctima de ese flagelo que menoscaba vidas humanas.

Desde las primeras enseñanzas los niños en Cuba aprenden amar a Martí y conocer su obra a favor de los infantes, destacándose en ella su condena a las diferencias sociales y raciales de la época. “La Edad de Oro” es uno de los ejemplos más apreciados y conocidos alrededor de la necesidad de igualdad y justicia social.

Como también Félix Varela, Céspedes, Agramonte, José Martí y los próceres de la Patria a lo largo de la historia, enseñaron a los hijos de esta tierra de titanes a discernir entre el bien y el mal, a defender las causas justas y los valores humanos, ante quienes intenten revivir el infame colonialismo, hoy disfrazado de neoliberalismo capitalista el cual en los pueblos del Sur. Basta estudiar la historia de Nuestra América y cómo ha ampliado la brecha entre pobres y ricos, ahondado en las desigualdades, extrema miseria, incultura y falta de oportunidades, para millones de ciudadanos de estas poblaciones ancestrales.

Este 19 de mayo, como cada año, los cubanos rendirán homenaje a su Héroe Nacional, al hombre que con sus ideas sembró el infinito amor a la Patria, a la familia, a sus coterráneos, al pueblo aguerrido y heroico de Cuba. Al que es asediado, ignominiosa e injustificadamente por el gobierno de los Estados Unidos que no cesa en su empeño de asfixiar con un bloqueo económico, comercial, financiero y energético, sin precedentes, por su esencia antihumana y récord de extensión y extraterritorialidad, en el mundo.

Martí está más presente que nunca en la cotidianidad de su pueblo que se levanta cada día luchando por un mundo mejor, sin amos ni dueños, sin agresores ni invasores foráneos, por la paz y el derecho a su desarrollo sin cercos, ni condicionamiento alguno. Y con la vigencia de su pensamiento que refrenda cómo trinchera de ideas, valen más que trincheras de piedras.

Solo con la voluntad innovadora, constructiva y optimista de su gente, los cubanos hacen frente a los odiadores, extremistas y vendepatrias que tratan de volver al infame pasado neocolonial y dependiente de nuevas metrópolis imperiales como los Estados Unidos. La Casa Blanca muestra, sin reparo ni respeto al derecho internacional y la autodeterminación de los Estados, secuestrar de forma verdulera e ilegal, la independencia de otras naciones.

Ver además:

Cuba jamás ha representado una amenaza real para la seguridad de Estados Unidos