Una de las estrategias de lucha revolucionaria contra la dictadura de Fulgencio Batista en la década de los años 50 de la anterior centuria, luego de los sucesos del Moncada, fue el Levantamiento en Santiago de Cuba del 30 de noviembre de 1956, epopeya del pueblo frente a sus explotadores.

El alzamiento en el oriente de la Isla formaba parte del plan concebido por el máximo líder Fidel Castro Ruz con motivo de apoyar el desembarco del yate Granma procedente de Tuxpan, México, con 82 expedicionarios decididos a combatir el régimen batistiano que usurpaba el poder en la Isla, luego del golpe de Estado en 1952.

Foto: Tomada de Prensa Latina

La misión esencial asumida por el también líder del Movimiento 26 de Julio Frank País con el levantamiento tenía como objetivo en la ciudad santiaguera, impedir a las huestes del tirano trasladar sus fuerzas hacia la zona prevista para el desembarco de los combatientes que llegarían en el Granma para ese día 30. Igualmente, se previa la participación de otras provincias del país, y seguir sumando refuerzos en el oriente, luego del desembarco.    

En espera de la llegada de los expedicionarios se había convenido esa fecha de noviembre iniciar el alzamiento. Y como estaba convenido comenzó la movilización de los grupos del Movimiento, arreciándose los combates contra efectivos de la tiranía en puntos establecidos en el plan acordado por los revolucionarios encabezados por Frank, y entre estos se ubicaba la ferretería de la Plaza Dolores, cercar el Moncada, así como atacar la Policía Marítima, la Estación de Policía, y otros lugares estratégicos de la ciudad.

Los jóvenes por vez primera salían a las calles luciendo el uniforme verde olivo y el brazalete del 26. Se observaba al pueblo enardecido apoyando a los combatientes, y los revolucionarios y vecinos de la zona gritaban; ¡Abajo Batista!, ¡Viva Cuba libre!, por doquier se constataba un profundo sentir patriótico y de repulsa al tirano.

Ante los enfrentamientos se escuchaban tiroteos en varios puntos, con fuerza en el área de la escalinata de Padre Pico y otras zonas del territorio. En esa heroica acción fueron asesinados los combatientes Pepito Tey, Otto Parellada y Tony Alomá, jóvenes valientes que pasaron a la inmortalidad como mártires de la Patria.

El propósito fundamental de hacer coincidir la acción con el desembarco no pudo concretarse debido a inclemencias del tiempo y rescate de uno de los compañeros caído al agua durante la travesía lo cual atrasó la llegada de Fidel con los expedicionarios que se produjo dos días después, el 2 de diciembre, en condiciones muy difíciles por Las Coloradas. Y no fue posible lograr el objetivo de distraer al ejercito batistiano como estuvo concebido en el plan lo cual provocó también la dispersión de los combatientes al desembarcar, con una férrea persecución del enemigo mientras intentaban llegar a la Sierra Maestra para continuar combatiendo a la dictadura hasta su derrota definitiva.

Sobre los acontecimientos Frank expresó posteriormente: “…La población entera de Santiago, enardecida y aliada a los revolucionarios, cooperó unánimemente con nosotros. Cuidaba a los heridos, escondía a los hombres armados, guardaba las armas y los uniformes de los perseguidos; nos alentaba, nos prestaba las casas y vigilaba el lugar, avisándonos de los movimientos del ejército. Era hermoso el espectáculo de un pueblo cooperando con toda valentía en los momentos más difíciles de la lucha.”

Y aunque no se alcanzó su objetivo fundamental, el hecho conmovió, significativamente, al pueblo de Cuba, y demostró la inquebrantable decisión de luchar por la soberanía e independencia de la Patria. Y al mismo tiempo mostró la fuerza del Movimiento Revolucionario liderado por Fidel, gigante de ideas y de profundo pensamiento martiano.

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