El Canciller de la Dignidad, Raúl Roa García, alcanza esa distinción ante el pueblo de Cuba por su accionar combativo y digno ante los enemigos y conspiradores contra la Revolución los cuales de manera oportunista utilizaban las tribunas regionales e internacionales como la maltrecha Organización de Estados Americanos y las Naciones Unidas, respectivamente, para agredir y desacreditar a la Isla. Y ante cada injuria en esas instituciones mantuvo una posición firme y de respuesta guerrera ante cada manipulación de la realidad cubana por parte de sicarios al servicio de Washington.
Roa, quien falleció el 6 de julio de 1982 en La Habana, además de extraordinario intelectual, diplomático, y símbolo de ministro de Relaciones exteriores de la nación caribeña, fue un consecuente hombre de principios éticos, con capacidad y vastos conocimientos que hacían de él un cabal defensor del proceso revolucionario cubano.
Las presentes y futuras generaciones de trabajadores del servicio exterior del país tienen siempre como parte de su formación integral el ejemplo de este portentoso Canciller. De igual manera está siempre presente en la memoria de sus alumnos de la Universidad de La Habana y en cada causa justa de América y el mundo, sus ideas marxistas-leninistas y martianas incidían en su corajudo actuar, profundamente patriótico.
Era un diplomático peculiar, inquieto, muy culto, pero con expresiones afiladas cuando era preciso, y se adaptaba a cualquier escenario en el que fuese necesario responder, y siempre lo hizo valientemente y desenmascarando las falacias de personeros del imperio presentes en la OEA y otros organismos.
Igualmente lo caracterizaba su humor criollo el que en ocasiones empleaba para defender la Revolución, nadie podía acallarlo cuando de interpelar a quienes ofendían a Cuba, se trataba. Era muy respetado por sus compatriotas, pero también por otros colegas del servicio exterior de otras naciones por su postura firme y a la vez inteligente, ante cada ataque de mercenarios o gobiernos serviles de la Casa Blanca.
Desde muy joven fue un ferviente antimperialista, y desarrolló una ideología transformadora ante los gobiernos de turno de la etapa de seudorepública. Y luego del triunfo de 1959, al ser designado para representar a Cuba en la OEA, no tardó mucho en darse cuenta que esta era un instrumento de Norteamérica y lo calificó como Ministerio de Colonias, calificación vigente hasta nuestros días.
El pensamiento avanzado de Roa alcanza hoy más notoriedad que nunca, varios pueblos de la región latinoamericana y caribeña ya comprenden la esencia entreguista a Washington de ese organismo regional, cada vez más desprestigiado al avalar o silenciar golpes de Estado, desestabilizaciones de naciones independientes, inmiscuirse en asuntos internos de los países, aprobar procesos electorales a conveniencia de sus intereses, etc.
El Canciller de la Dignidad sigue siendo símbolo de lucha antimperialista, anticolonialista, a favor de la justicia e igualdad social, y de repulsa a todo vestigio de injerencia e intervencionismo en los pueblos.
Roa vive por siempre en la memoria de su pueblo que lo admira y respeta por ser un gigante de la diplomacia, y salvaguarda de la Patria.
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