La juventud cubana a lo largo de la historia ha escrito gloriosas páginas en defensa de la libertad e independencia de la Patria. Ello se remonta a las guerras contra el colonialismo español, y luego durante décadas de seudorepública y neocolonialismo impuesto a la Isla bajo la égida de Washington.

En ese contexto de anhelo emancipador, los años 50 del siglo XX fueron escenario de luchas frente a regímenes de turno, particularmente en esa etapa se gestó un movimiento revolucionario liderado por Fidel Castro que tuvo importante expresión con el asalto al cuartel Moncada en 1953 y el desembarco del Granma en el 1956.

Ambos sucesos históricos hicieron germinar la semilla de la libertad, y tenían entonces el propósito de erradicar una de las dictaduras más sangrientas del continente, la de Fulgencio Batista, que mantenía sometido al pueblo a una extrema desigualdad social y racial, y las mayorías de la población vivían en condiciones de inseguridad y pobreza, con mayor énfasis en las áreas rurales, donde no existía posibilidad alguna de superación y aspiraciones a trabajos o profesiones dignas.

Esa cruenta realidad trajo consigo como respuesta la creación de movimientos sociales y políticos en pos de encontrar las reivindicaciones y soluciones que los cubanos precisaban. Y en esa atmósfera de efervescencia revolucionaria se fraguó la lucha contra las huestes batistianas en regiones del país. Santiago de Cuba fue una importante cuna de trascendentes sucesos contra los enemigos del pueblo.

El joven Josué País García, hermano de Frank, uno de los más representativos líderes del Movimiento 26 de Julio, con alrededor 16 años de edad ya participaba en manifestaciones patrióticas con el estudiantado. El 7 de diciembre de 1953 mientras rendía homenaje al Titán de Bronce Antonio Maceo, la policía del régimen agredió a los jóvenes y fue objeto de represalias, pero el grupo de manifestantes lo defendió y evitó mal mayor.

Josué apoyó a su hermano en la organización de la Acción Revolucionaria Oriental (ARO) para luchar contra la tiranía, y a mediados de 1954, mientras pintaban en un muro consignas de ¡Abajo Batista! fue descubierto y llevado a la estación por los casquitos y sometido a interrogatorio, pero ante las amenazas recibidas se inculpó solo del hecho y expresó: "Fui yo, más nadie que yo...". Aquí fue acusado y sancionado a un año en domiciliaria por gestión de sus abogados y debido a su edad.

A pesar de ser penalizado siguió su vida activa con brigadas estudiantiles que lo apoyaban y protegían. Fue miembro del Movimiento 26 de Julio y luego del levantamiento del 30 de noviembre de 1956 detenido, pero tuvo que ser luego liberado por presiones populares, pasando a la clandestinidad, y encontrando refugio en casa de familiares que eran, además, colaboradores de los revolucionarios.

Pero el 30 de junio de 1957 cuando el gobierno batistiano convocó a un mitin en el Parque Céspedes, organizado por el esbirro y asesino Rolando Masferrer, el Movimiento 26 de Julio consideró necesario efectuar acciones, dirigir petardos al aire en áreas del parque y alrededores que dispersaran la reunión y desviaran la atención del mitin, para lograr su fracaso. Y entre los participantes en la misión estaba Josué, quien al no lograr contactar a otro de los grupos que colocaría otros artefactos decide actuar. Le acompañaron Salvador Pascual, y Floro Bistel, quienes junto a Josué son perseguidos por una patrulla, y caen entre dos fuegos de la policía, siendo alcanzados por la metralla enemiga.

Foto: Tomada de ACN

Testigos señalaron que Josué fue herido en el brazo derecho y partes del cuerpo, pero según apreciaron, estaba aún con vida, y luego apareció muerto con un tiro en la sien, lo cual indicaba, expresó, además, su tía Angelita al ver el cadáver, que lo habían rematado.

La muerte de los jóvenes impactó al pueblo, su sepelio se realizó cubriendo los féretros de los tres valientes con banderas del 26 de julio y los presentes coreaban el Himno Nacional, fue un momento de dolor y repulsa a los esbirros del tirano por parte de sus compañeros de lucha, estudio, amigos y familiares. Y el pueblo santiaguero le acompañó a su última morada con honores que solo se rinden a los héroes y mártires de la Patria.

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