La ciudad vuelve a contener la respiración. No es una metáfora gastada: La Habana sabe cuándo su equipo entra en zona de combate. Industriales se prepara para iniciar un cruce de cuartos de final que no admite medias tintas, un duelo al mejor de siete partidos frente a los Huracanes de Mayabeque.

El primer rugido por la corona de la 64 Serie Nacional de Béisbol se escuchará en el estadio Nelson Fernández, en San José de Las Lajas. Allí se disputarán los dos juegos iniciales de una serie que promete electricidad pura y luego la batalla será en el Latinoamericano, sede de los siguientes tres encuentros.

Industriales y Mayabeque no son simples rivales circunstanciales. Entre ambos existe una rivalidad que ha crecido a golpe de enfrentamientos tensos, polémicas cerradas y juegos decididos en el filo de la navaja.
No hay espacio para el romanticismo: aquí se trata de imponer carácter. Se esperan duelos de pitcheo entre dos cuerpos de lanzadores que figuran entre los más sólidos del torneo, partidos cerrados, de marcador apretado, donde cada out será celebrado como un triunfo parcial. Son dos equipos con fama de guerreros, incapaces de rendirse, especialistas en sobrevivir bajo presión.

Lo que está en juego va más allá de una simple serie. El ganador asegurará su pase a las semifinales, obtendrá el boleto directo a la próxima Liga Élite del Béisbol Cubano sin depender de terceros y, quizá lo más importante, defenderá el orgullo de su camiseta. En estas instancias no hay cálculo posible: se juega por la historia.

Ahora todo cambia. Las estadísticas de la campaña regular quedan archivadas, pierden valor predictivo. Un playoff es otro deporte. Nada tiene que ver con la maratón de una temporada larga. Aquí manda la lectura fina del rival, la capacidad de detectar debilidades, los nervios templados en el momento decisivo, la producción bajo máxima tensión y, sobre todo, el hambre de victoria.

Mayabeque ha demostrado que posee herramientas, liderazgo y convicción para imponerse. No llega como convidado de piedra. Sin embargo, Industriales, por experiencia acumulada, por hoja de ruta y por un análisis hombre por hombre, parte como favorito. Pero cuando el béisbol se vuelve cuchillo, los favoritismos no deciden nada.

Los Leones de la capital, dirigidos por Guillermo Carmona, aún no pueden apoyarse en su mejor carta desde el montículo, Pavel Hernández, ausencia sensible en cualquier escenario. Aun así, reciben una incorporación de lujo: el slugger Yasmani Tomás, quien arriba tras firmar otra sólida temporada con los Cañeros de Los Mochis en la Liga Mexicana del Pacífico.

Su presencia fortalece la ofensiva, aporta experiencia internacional y añade un factor de intimidación que inclina, al menos sobre el papel, la balanza de los pronósticos.

Las dudas, sin embargo, son inevitables. La larga espera provocada por la definición del último clasificado rompió los planes de preparación de todos. Se ha tenido que improvisar para mantener el tono físico y la concentración. Pero esa misma pausa ha permitido la recuperación de jugadores lesionados, piezas que ahora regresan con hambre renovada y que pueden marcar diferencias.

Las cartas están sobre la mesa, ya no hay excusas ni margen para el error. Comienza el tiempo donde se escriben las páginas que no admiten borradores.

Ha llegado la hora de los Leones, esa en que el uniforme pesa más que el cuerpo, en que el nombre que llevan en el pecho exige sacrificio, en que la historia se defiende y no se hereda.

Que comience la batalla, que tiemble el Nelson Fernández, que el Latino vuelva a rugir como templo,
porque cuando Industriales cree, todo el país escucha. Nos vemos en el estadio.

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