La postemporada de la 64 Serie Nacional de Béisbol abrirá con un cruce que huele a pólvora, a historia sin resolver y a viejas heridas que nunca terminan de cerrar. Huracanes de Mayabeque e Industriales de La Habana chocarán en los cuartos de final en un duelo que va mucho más allá de una simple eliminatoria: es territorio, memoria y orgullo en juego.
Es el único enfrentamiento de postemporada definido hasta el momento, pero ya concentra la atención del país. El calendario ha dictado que los dos primeros partidos de esta fase se disputen en el Coloso del Cerro, escenario sagrado del béisbol cubano, antes de que la serie —pactada al mejor de cinco— se traslade, de ser necesario, al Nelson Fernández de San José de las Lajas.
Industriales arriba con la carga que solo llevan los grandes. Doce títulos nacionales, décadas de hegemonía y una afición que no acepta excusas. Los Leones, vestidos de azul y con el nombre bordado en letras góticas, representan la historia viva del béisbol cubano, pero también una deuda que ya se extiende por más de quince años sin levantar la corona.
Bajo la conducción de Guillermo Carmona, el equipo ha mostrado equilibrio, experiencia y carácter competitivo. Su staff de lanzadores fue uno de los más sólidos del campeonato, y ofensivamente exhibe argumentos de peso: conectaron más cuadrangulares y más extrabases que sus rivales y cuentan con hombres capaces de decidir un juego con un solo swing.
Entre ellos sobresalen Ángel Alfredo Hechavarría, líder ofensivo y símbolo del presente industrialista, y el veterano Ariel Sánchez, cuya constancia lo ha convertido en una referencia silenciosa dentro del vestuario.
Los felinos saben que tiene las herramientas para imponerse, pero también saben que el margen de error es mínimo. El peso de la historia no siempre empuja: a veces aplasta.
En la acera de enfrente aguarda un equipo que ha hecho del desafío su identidad. Los Huracanes, fundados en 2011 y aún sin títulos en su palmarés, llegan con el ímpetu de quien ha aprendido a competir desde la adversidad.
Dirigidos por Osmel Cordero —exjugador de Industriales—, encarnan una mezcla peligrosa de disciplina, hambre y revancha. Algunos de sus peloteros, que alguna vez pasaron por el sistema capitalino, hoy encuentran en este cruce una oportunidad de reivindicación.
Mayabeque fue el conjunto con mejor efectividad de pitcheo en toda la temporada, el único capaz de mantener su promedio de carreras limpias por debajo de cuatro. Defensivamente fue más seguro que su rival, cometiendo menos errores y mostrando una cohesión que se forja a base de sacrificio.
Su líder natural, el veterano Dennis Laza, sigue siendo un bate temido, capaz de cambiar el curso de un partido con un solo turno, como ya lo demostró en la pasada Liga Élite.
El contraste es evidente: la tradición frente al hambre, la historia contra la sorpresa, la obligación frente al deseo. Industriales carga con la presión de una afición que llena estadios y exige resultados; Mayabeque juega con la libertad de quien no tiene nada que perder y mucho que ganar. En ese choque de identidades reside la esencia de esta serie.
No hay favoritos claros. Los números ofrecen pistas, pero no sentencias. El béisbol, como la vida, suele inclinarse por quien mejor resiste el momento decisivo.
Cuando el primer lanzamiento surque el cielo del Latinoamericano, el país entero sabrá que no se trata solo de un cruce de cuartos de final: será una batalla por el orgullo, la memoria y el derecho a seguir soñando. Nos vemos en el estadio.
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